Valores Humanos: AUSTERIDAD

“Cuanto más se tiene, más se desea, y en vez de llenar, abrimos un vacío” O. S. Marden

“La moderación es el hilo de seda que corre por la cadena de perlas de todas las virtudes” Bishop Hall

 

El austero es verdaderamente rico y como tal se siente, ya que ha aprendido a contentarse con lo que tiene sin ansiar nada más y disfrutar en cada momento de cuanto los demás poseen. Sólo el que vive en sobriedad y templanza, sin esclavizarse a deseos insaciables de poseer y atesorar, encuentra la auténtica felicidad.

Muchos de los que hoy se tienen por ricos, son en realidad los seres más pobres y desheredados, ya que, a medida que atesoran propiedades y riquezas, aumenta sin medida su deseo insaciable de tener y demostrar lo que tienen, sintiéndose cada vez menos satisfechos, haciendo buena la frase de C.S. Marden:

«Cuanto más se tiene, más se desea, y en vez de llenar, abrimos un vacío».

El secreto de la felicidad, que sin duda conoce el austero, está en saber disfrutar de todas las cosas más bellas y maravillosas sin poseer títulos de propiedad, como el águila que saborea libre, dominadora y majestuosa el azul del cielo o el gamo que corre sin freno por el valle o la espesura, disfrutando de la incomparable y fresca belleza que les depara la naturaleza sin pasarles factura. Los humanos hemos de aprender a sentirnos dichosos y muy afortunados por todas las maravillas que pueden contemplar nuestros ojos y disfrutar nuestra sensibilidad, aunque otros figuren como propietarios de esas maravillas.

El hombre virtuoso y bueno, el verdadero sabio, es el que sabe gozar sin desenfreno, de forma sosegada, sin abandonarse a deseos insaciables, de todas las bondades y sanos placeres que ofrece por doquier y a raudales la madre naturaleza, pero dentro del orden que ella misma nos impone.

Al alcance de la mano, de nuestra mirada, de la fina captatividad e impresionabilidad de todos los sentidos libres, y dispuestas para ser contempladas y disfrutadas en todo su esplendor y belleza, se encuentran bien próximas a nosotros las riquezas y maravillas más rutilantes y de indescriptible valor y hermosura: el día y la noche, la aurora y el crepúsculo, el mar y el desierto, la selva llena de vida y de misterio, los valles y campiñas, las montañas que esconden sus crestas entre las nubes… El mundo entero con todas sus riquezas pertenece a los ojos dispuestos a descubrir, admirar y sentir su belleza, y a las mentes capaces de pensarlas.

Austeridad es tener más o menos, pero conformarse con poco, sin añoranzas ni desasosiegos que turben la paz y el equilibrio de espíritu, aunque sin escatimar el gozo y disfrute de todo lo demás, sin necesidad de poseerlo en exclusiva. Austeridad es amor y bondad, y practicar la sobriedad es pensar en los demás, es compartir. Si somos austeros, habrá para todos y podremos compartir. ¿Hay una palabra más bella, humana y profunda que compartir, aparte de la palabra amor?

 

¿ESTÁ REÑIDA LA RIQUEZA CON LA AUSTERIDAD?

“Lo mucho se vuelve poco sólo con desear otro poco más” F. de Quevedo

No, siempre que las propiedades y riquezas sean un medio y no un fin en sí mismas y las sepamos utilizar en pro de causas nobles, de forma generosa y desinteresada para el bien social y de los demás necesitados.

La riqueza legítimamente adquirida mediante el trabajo honrrado nos proporcionará la paz, la serenidad y el gozo de saber que cuanto hemos atesorado redundará en beneficio de los demás, de manera más o menos directa. La actitud de servicio para con los hermanos menos favorecidos es siempre meritoria y noble, y nadie pondrá en duda que no son pocas las personas que desde posiciones holgadas practican la austeridad y la viven como valor.

Por tanto, es posible la austeridad en el rico que sabe compartir y no descuida la tarea de construirse a sí mismo cultivando los valores morales. Sí, es posible una riqueza sin desasosiego y sin codicia, bien distinta de la que alimenta el egoísmo y sofoca los sentimientos de solidaridad y generosidad para con los demás. Sí, la riqueza puede hermanarse con la austeridad, la moderación y la sobriedad cuando aceptamos los bienes materiales como medio eficaz para propiciar acciones humanitarias y nobles y sólo dejamos para nuestra subsistencia lo necesario.

Un rico con sentido de la moderación y que vive sobriamente no es menos austero que el pobre, si se adapta, de buen grado, a cubrir sus necesidades naturales sin derroches, dispendios y lujos. En nada se asemeja a tantos ricos al uso, cuyo único objetivo en la vida es amasar más dinero para llenar ese gran vacío del ansia incontrolable por tener sin límites. Toda su existencia está condicionada y determinada por poseer cuanto más, mejor.

 

LA AUSTERIDAD PREPARA PARA LA AUTORREALIZACIÓN

“La cosa más grande del mundo es saber ser autosuficiente” Michel de Montaigne

Pensamos, como A. H. Maslow, que las personas sanas son las que han satisfecho suficientemente sus necesidades básicas de seguridad, entrega, amor, respeto y autoestimación, de manera que se sienten motivadas primordialmente por tendencias que conducen a la autorrealización.

La austeridad, tal y como se entiende y explica en esta publicación, prepara para la autorrealización porque posibilita y garantiza la adquisición y el desarrollo de las características que definen al hombre autorrealizado: aceptación de sí mismo, de los demás y de la naturaleza; independencia, autonomía y suficiencia; espontaneidad, capacidad de vivir intensamente el presente y disfrutar de las cosas sencillas; gozo en el dar y compartir; capacidad para soportar carencias y altos niveles de frustración; facilidad para ver las cosas desde el punto de vista de los demás; tolerancia; etcétera.

AUSTERIDAD Y DESAPEGO

Cuando el ser humano se aproxima a la madurez psíquica, crece en equilibrio y mesura y está a punto de lograr su autorrealización como persona, empieza a comprender con rapidez que la vida es transitoria y efímera y que es de sabios caminar sin bagaje, libre como el pájaro que vuela en las copas de los álamos, ligero de equipaje.

El desapego se convierte en actitud en el hombre feliz, que, a medida que se acepta y comprende a sí mismo, ama y practica más la sencillez, la simplicidad, la calma y la paz del espíritu, y se aparta de la ostentación, la vanidad y el lujo que hunden al ser humano en la vaciedad y la estulticia del orgullo. El desinterés y desapego por los bienes materiales hace posible que veamos las cosas desde cierta altura. Nuestra percepción serena y desapasionada adquiere entonces el justo sentido de la proporción y de la medida.

 

Si cada día nos desprendemos de algún apego que nos condiciona, nos libraremos de una atadura, de un peso más que nos impide volar hacia el espacio sin límites de la verdadera libertad.

El austero es libre y feliz porque lo tiene todo en cualquier sitio donde se encuentre. Se lleva a sí mismo y a su increíble capacidad de disfrutarlo todo sin importar el lugar, las personas y las situaciones.

Camina ligero de equipaje, porque en su propio pensamiento encuentra la fuente inagotable de la dicha, la riqueza y el éxito.

La austeridad conlleva el desapego a los bienes materiales como generadores de felicidad, ya que el sabio no tarda en descubrir que es en la optimista disposición mental donde se apoya el secreto del éxito y no en la acumulación de riquezas de forma afanosa.

Vivir la austeridad no es creer necesaria la pobreza. El mundo está lleno de riquezas aún sin explotar y somos los hombres de hoy quienes debemos saber utilizar la ciencia para el logro de una mayor productividad que acabe con la miseria.

 

AUSTERIDAD ES COMPARTIR

“El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo”

Epicudo

El austero, sabio disfrutador de cuanto le rodea en el exterior y no menos de la maravilla insondable del propio mundo interior, siempre está dispuesto a dar, a compartir su pan, su manta y su techo y a tender una mano amiga desde el fondo del corazón. La austeridad nos lleva a compartir, a proporcionar a los otros cuanto necesitan, y es en esa predisposición a llenar los vacíos de los demás donde encontramos la verdadera riqueza del espíritu que llena cualquier vacío en nosotros mismos.

El lector comprobará más adelante que la austeridad es un valor que siempre está presente, en mayor o menor medida, en todos los demás valores humanos. Esto tiene perfecta explicación, si tenemos en cuenta que el sentido de la medida y de la ponderación, para no dejarse llevar y dominar por inquietudes y deseos insaciables, ha de ser una constante en cualquier valor positivo. Además, todo valor humano que haga posible la plena autorrealización de la persona precisa de la consistencia y la energía que proporcionan el desapego y la madura autosuficiencia, que son los aspectos más relevantes de la austeridad.

Pero hay más, ya que la austeridad es sobre todo una virtud que nos enseña a saber disfrutar de todo sin la necesidad de inquietarnos por poseer, sin perturbar nuestra paz interior, sin desasosiegos o añoranzas. Nos conduce a la indescriptible plenitud y satisfacción de que lo tenemos todo sin necesitar nada, y así quedamos en la mejor disposición para dar y compartir con alegría. Es éste otro aspecto no menos importante que aporta la austeridad a los demás valores humanos que aquí se estudian. En todos ellos ha de estar siempre presente la disponibilidad de ofrenda, de servicio, de salida del yo en plenitud al tú menesteroso de los demás.

La austeridad conforma la actitud positiva de vivirse a sí mismo en todas las posibilidades de ser y de hacer, sin disipar la propia energía psicofísica en el ansia desmedida de tener y atesorar. Es la austeridad la que nos permite vivir a cada instante con lo mejor de nosotros mismos con tal intensidad que nos vemos impulsados con imperiosa, pero serena y feliz necesidad a desbordarnos sobre los demás, a sentirnos solidarios y a disfrutar con alegría la dicha de compartir.

 

AUSTERIDAD ES RIQUEZA

“Nada le bastará a aquel que no tiene bastante con poco” Epicuro

Para la mayoría de las personas, riqueza es todo lo que poseen, ya sea en dinero, inmuebles, acciones y bienes materiales de cualquier tipo. La riqueza así entendida no va más allá del carácter acumulativo. posesivo y competitivo. Enriquecerse se convierte en tener cosas sin límite, pensando que el ser, la mismidad y la valía personal guarda una correlación directa con el tener y con los titulas de propiedad. Es esta concepción de la riqueza la que, como ya se ha dicho, está reñida con la austeridad.

Sin embargo, la verdadera riqueza, la que puede ir hermanada con la austeridad, es algo bien distinto. Consiste en hacer posible que el dinero, las propiedades y todos los bienes materiales fiuyan, circulen, se utilicen corno medio para fines sociales, humanitarias y nobles. La riqueza, entonces, corre pareja con el amor, la generosidad, el altruismo, la caridad y la profunda inteligencia de quien se siente unido y comprometido con toda la creación y cifra la propia felicidad. en buena medida, en la posibilidad de contribuir al bienestar común.

Sé que la pobreza de la humanidad no se va a arreglar con mi pobreza, sino con mi austeridad y disponibilidad a compartir, a dar, a implicarme y corresponsabilizarme con mis hermanos los hombres. El secreto para incrementar la verdadera riqueza no consiste, por tanto, en retener y acumular para sí, sino en dar, en la actitud de servicio, en la generosidad.

En conclusión: educar con nuestra vida y nuestro ejemplo para la austeridad a nuestros hijos es educarlos para la felicidad, la madurez y la generosidad, enseñarles a disfrutar de todo sin necesidad de poseerlo, vivirse a sí mismos en todas las posibilidades de ser y hacer, saborear con alegría la dicha del compartir y saber ser autosuficientes.

Bernabé Tierno

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