Valores Humanos: AUTOCONTROL

“El que se domina a sí mismo irradia de todo su ser tal ascendiente que sin esfuerzo disipa las dudas de quienes están a su alrededor”

S. Marden

“Control significa ser el amo de tu propio destino, ser la única persona que decide cómo va a vivir, a reaccionar y a sentir en todas las situaciones que la vida le presenta”

W. Dyer

Hacerse a sí mismo es un valor que va tornando forma en el ser humano, a medida que crece en edad y en inteligencia y se va haciendo más autónomo, más responsable y maduro. Para llevar las riendas de la propia existencia, sortear los obstáculos que surgen a cada paso, saber frenar y acelerar en el momento oportuno, conducir a velocidad prudencial, con firmeza y mesura, sin peligro para los demás. por las autopistas del mundo de hoy, la delicada máquina de nuestra persona, de nuestro yo, exige un elevado índice de autocontrol, al que sólo es posible acceder por dos vías obligadas: la del conocimiento de nosotros mismos y la del dominio y control responsable de nuestros actos. El conocimiento de uno mismo es tarea de siempre y de todas las edades, ya que nunca termina, pero nos mantiene activos, mirando hacia nuestro interior en la alentadora autocrítica que permite calibrar el potencial de nuestras posibilidades para superar las dificultades y lograr una mayor eficacia, actuando con optimismo y con renovada confianza.

El conocimiento de nosotros mismos, sin dejar de ser realista y objetivo, ha de permitirnos localizar la atención en nuestras cualidades más relevantes. Aquellas que nos permitan sentar las bases de una autoestima que nos impulse a la acción y realización de nuestros mejores deseos, de nuestros ideales. Un obstáculo que fácilmente puede surgir al mirar hacia dentro de nosotros mismos con ojos de sincera autocrítica, con justicia y sin presunción es que caigamos en la auto-compasión y el desánimo al ver nuestras carencias y limitaciones y la distancia a que nos encontramos de nuestros ideales y objetivos.

Pero es precisamente la toma de conciencia de lo que somos y de nuestras más preciadas y relevantes aptitudes lo que potenciará nuestro esfuerzo y disposición para la lucha, alentándonos a apuntar bien alto en la dirección segura de lo que debemos ser. El conocimiento de nosotros mismos nos permitirá averiguar lo que podemos llegar a ser sin perder la referencia y la guía de lo que debemos ser, de nuestros ideales.

 

AUTOANÁLISIS PARA EL CONOCIMIENTO DE SI MISMO

“Cuenta hasta diez antes de hablar, si estás disgustado. Y hasta cien, si estás colérico”

Jefferson

Hemos de saber explorar nuestras posibilidades y formularnos preguntas que nos lleven a la reflexión, pero una reflexión activa y dinámica que nos sirva de acicate para mantener un esfuerzo bien orientado, perseverante y entusiasta para el perfeccionamiento de nosotros mismos y de las obras que emprendamos.

Preguntas para el autoanálisis.

 

  1. ¿Cuáles son los ideales que conforman mi deber ser, mi guía interior, mi cuadro de referencia, interno, por los que merece la pena luchar durante mi existencia?
  2. ¿En qué medida me esfuerzo por alcanzar esos ideales y pongo constancia y tesón, sin dejarme arrastrar por el desaliento?
  3. ¿Qué estoy haciendo ahora y qué pienso hacer en adelante para aumentar el potencial de mis aptitudes y conocimientos de manera integral?
  4. ¿Soy consciente de que únicamente yo soy el responsable de mis éxitos y de mis fracasos y de que la única actitud inteligente y práctica es amueblar la mente con pensamientos positivos y sembrar en el corazón y en la voluntad esperanza y confianza, incluso cuando parezca todo perdido?
  5. ¿Ejerzo verdadero control y dominio sobre mis palabras y mis actos?
  6. ¿He descubierto ya mis cualidades negativas, mis limitaciones, carencias y defectos? Las pondré por escrito. Sacarlas a la luz es ya el comienzo de la victoria.
  7. ¿Una vez detectadas, aisladas y controladas esas cualidades negativas. ¿las analizo con calma, seguridad y confianza y establezco un plan de acción para convertirlas en positivas y servirme de su potencial, canalizándolas de la manera más razonable para que no se conviertan en un obstáculo en mi vida?
  8. ¿He llegado ya a la firme convicción de que la autocompasión, el derrotismo, el hacer de todo un drama y culpar a los otros de mis carencias y errores son la prueba más evidente de inmadurez y de ineficacia y el camino seguro hacia el fracaso y la neurosis?

 

 

LA MIRADA HACIA EL INTERIOR

«Los hombres de hoy día viven hacia fuera, olvidando la vida interior», dice el eminente psicólogo José Luis Pinillos. Es imprescindible la reflexión serena de la mente, la mirada limpia y profunda que escudriñe nuestros afectos, sentimientos y actitudes, a fin de llevar la paz y el equilibrio a nuestro espíritu, proyectando nuestra existencia desde la autenticidad del más puro y noble entendimiento con nosotros mismos. La forma de ver tanto la propia realidad como la realidad de los demás dependerá de la guía interior, que sirva de punto de referencia a nuestras conductas.

La carencia de valores en el mundo de hoy obedece sin duda, a que prácticamente todos vivimos hacia fuera y estamos olvidando el cultivo de la vida interior. Hemos perdido el instrumento más valioso para construir nuestros ideales, y es conocernos a nosotros mismos.

Dice el doctor R. Carballo que «por muy a prueba que sometan las circunstancias al hombre, la principal prueba del hombre consiste en enfrentarse consigo mismo». Nos conocemos mal porque eludimos en lo posible mirar a nuestro interior y enfrentarnos a nuestra propia realidad. Es más cómodo echar mano a mecanismos de defensa, a la disculpa y al autoengaño.

El hombre de hoy flota a la deriva, sin convicciones, sin firmeza, sin horizontes… El gran vacío moral que le caracteriza le está llevando a convertirse en el peor enemigo de sí mismo, atenazado por la ambición, las riquezas, la fama y el afán de aparentar. Sin esa necesaria mirada, serena y profunda, hacia el interior de nosotros mismos, cada vez seremos más vulnerables y fáciles de manipular mentalmente por el entorno. «Si quieres algo bueno, búscalo en ti mismo», decía Epícteto. No hay duda de que conocerse a sí mismo conduce al hombre a convertirse en el artífice de su propia vida.

Existen en cada ser humano, en estado latente, infinitas posibilidades de perfección, aptitudes y cualidades que han de ser despertadas y cultivadas al más elevado grado de perfección para que podamos hacer el mayor bien que seamos capaces de realizar. Conocernos a nosotros mismos nos lleva, además, a los niveles más altos de perfección a que nos es posible aspirar en esta vida. Nuestro fin, como el fin de la humanidad, en palabras de Renán, «no es la aventura, sino la perfección intelectual y moral». Ese perfeccionamiento individual que, como alguien ha dicho, «no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en hacer bien las cosas ordinarias».

 

AUTODOMINIO MENTAL

“Más difícil es vencernos a nosotros mismos que a nuestros enemigos”

Séneca

“El porvenir de un hombre no está en las estrellas, sino en su voluntad y en el dominio de sí mismo”

Shekespeare “

“Una de las cosas más bella de la vida es que nadie puede intentar ayudar a los demás sinceramente, sin ayudarse también a sí mismo”

W. Emerson

Hemos visto que el primer objetivo que nos hemos de proponer para el logro de un perfecto autocontrol es conocernos a nosotros mismos, mediante la introspección y la reflexión retrospectiva sobre nuestra realidad existencial, nuestras aptitudes y valores. Ahora abordamos la segunda condición para el autocontrol, que es el dominio de sí mismo, de la impulsividad y de la tensión mediante el autodominio mental.

Los actos de autodominio mental por los que dirigimos nuestros pensamientos de forma positiva y saludable hemos de convertirlos en hábitos, en actitud serena que facilite el control de los impulsos, la ponderación, la reflexión y la calma.

Pensar bien antes de hablar y obrar, sin exaltación y sin permitir que la sobreexcitación de los impulsos y sentimientos nos haga perder el control sobre nuestras palabras y acciones es un objetivo imprescindible para todo ser humano que aspire a la felicidad y al equilibrio mental y psíquico.

Decía Goethe que el hombre se libera de todos los poderes y ataduras que encadenan al mundo cuando adquiere el dominio de sí mismo. Y es que todo aquello que digamos o hagamos de manera impulsiva e irreflexiva está condenado al fracaso y nos perjudicará en mayor o menor medida. Es fundamental, por tanto, habituarnos a encarar las cosas con reflexión, calma y serenidad de juicio. La Biblia está llena de consejos y sabias sugerencias que apoyan de forma directa y clara el autodominio mental. Veamos algunos del libro de los Proverbios: «Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda» (Pr 25, 28). «El que tarde se aira es grande de entendimiento, mas el corto de espíritu engrandece el desatino» (Pr 14,29). Todos sabemos que tenemos nervios que transmiten y reciben mensajes. Disponemos de un sistema nervioso autónomo que funciona de manera automática con una red de mensajes que cambia constantemente. Sin este maravilloso sistema no podríamos hacer nada. No sólo trabaja mediante todos los nervios del cuerpo, sino que puede hacer que ciertas glándulas segreguen fluidos que se incorporan a la sangre; estos fluidos causan reacciones similares a las que provocarían los impulsos nerviosos.

El más importante de estos compuestos (fluidos) es la adrenalina, que prepara todo el cuerpo para la acción ante momentos de peligro. Los efectos de la adrenalina en dosis adecuadas son muy necesarios y beneficiosos. Por ejemplo, hace que el corazón lata con rapidez y energía en caso necesario, que las arterias de la piel se contraigan y dirijan la sangre a sitios más importantes, como los músculos, para reaccionar con rapidez en situaciones de apuro y peligro, etcétera. Pero el problema está cuando la cantidad de adrenalina segregada es habitualmente excesiva o cuando se segrega en grandes cantidades en momentos inadecuados aunque sólo sea de vez en cuando.

Los estados de ansiedad, los ataques de ira y violencia incontrolada, las tensiones, etcétera pueden reducirse a un grupo de síntomas físicos causados por un exceso de adrenalina. Pero parece ser que no existe, por ahora, una píldora que neutralice la acción de la adrenalina. El problema está en la manera de reaccionar todo el sistema nervioso. Es la psiquis (la mente; quien ha enseñado al sistema nervioso a reaccionar de manera desproporcionada. Estamos ante un problema de origen psicológico, un estado psíquico con manifestaciones físicas y, en consecuencia, el tratamiento eficaz debe comenzar por la mente. El dominio de sí mismo o la habilidad por controlar nuestras palabras y acciones y saber encarar con calma y serenidad las situaciones difíciles se puede y debe intentar desde la ciencia psicológica.

El sistema nervioso autónomo funciona como el piloto automático de un avión y ejecuta sus programas con independencia de las acciones voluntarias. Por eso, aunque nos percatemos de que no hay motivo de preocupación, el organismo sigue reaccionando con señales de alarma. Si la adrenalina liberada por el sistema simpático es excesiva. El sistema simpático es el encargado de aumentar la excitación y las reacciones de lucha y huida, mientras que el sistema parasimpático se encarga de restablecer la calma y desacelerar el ritmo de excitación. Por medio de técnicas especiales de entrenamiento podemos llegar a ejercer un gran control voluntario del sistema nervioso, actuando sobre el parasimpático, fundamentalmente mediante la relajación y el control mental.

La relajación es el antídoto natural más efectivo de nuestro propio organismo contra la ansiedad, el nerviosismo, la tensión y la cólera, ya que no se puede actuar calmado y relajado y, al mismo tiempo, iracundo y tenso.

 

RELAJACIÓN FÍSICA PARA EL CONTROL Y DOMINIO DE UNO MISMO

“Un adulto controlado, organizado, correcto y entregado a su trabajo, debería ser capaz también de desinhibirse, bromear y ser como un niño pequeño cuando las circunstancias lo permiten”

W. Dyer

El plan de acción para el autocontrol tiene como fin librarnos del hábito de pensar de manera negativa, impulsiva y descontrolada y entrenarnos en actitudes mentales positivas, controladas y calmadas. Este plan de acción para el autocontrol se compone de cinco tiempos o fases que han de darse de forma conjunta y en interacción.

  1. Un cuerpo entrenado en la relajación, la respiración profunda y la calma. Es fundamental recuperar la habilidad para relajarse, desconectarse y librar nuestros músculos de las tensiones innecesarias. Aflojar todos los músculos de los brazos y las manos, cuello y hombros, rostro (frente, mandíbula, etc.), tobillos, piernas y nalgas, al tiempo que se desconecta la mente de todo pensamiento y se deja llevar por las sensaciones de reposo, descanso y aflojamiento general.
  2. Desde un estado de calma, activar la mente a pensar de forma esperanzadora y positiva. Saber que es el miedo a los síntomas de temor, de ira o de nerviosismo lo que nos incapacita y no los síntomas mismos. Los pasos que hay que seguir son los siguientes:
  3. Hacer una lista de síntomas y situaciones en las que se produce el descontrol de nosotros mismos.
  4. ¿Qué situaciones producen un mayor descontrol y falta de dominio?
  5. ¿Qué situaciones producen un menor descontrol y en las que podría empezar a ejercitarme desde un estado de relajación y calma?
  6. ¿Qué situaciones intermedias me producen un descontrol que podría dominar dentro de poco tiempo?
  7. Manteniendo siempre un estado de relajación y calma aceptable, empezar a enfrentarme con las situaciones en las que el dominio de mis acciones es más fácil. Progresar después, por aproximaciones sucesivas, afrontando situaciones cada vez más complejas, pero sin pretender objetivos para los que no estamos preparados.
  8. Cada nuevo intento debe ir precedido por una imagen mental clara de la nueva situación, viéndonos a nosotros mismos ya controlando esa situación desde la calma y el equilibrio. ¡Imaginémoslo que ya lo hemos logrado!
  9. Llevar un registro o anotación con los logros obtenidos.
  10. Pronostica de ti mismo que serás cada vez una persona con mayor autocontrol y harás realidad, con facilidad, aquello que esperas y predices sobre ti.
  11. Controlar el propio enfado y la impulsividad dando tiempo al tiempo (contar hasta cien) para que los impulsos incontrolados no se disparen con toda su precariedad desde esa zona irreflexiva de nuestro cerebro hasta el tálamo. Hay que dar tiempo a que la mente contemple con frialdad y sin apasionamiento las cosas.
  12. Felicítate con calor y entusiasmo cada vez que te encuentres sereno, en calma y con pleno dominio y control sobre tus actos.

Desde hoy nos será más fácil enfrentarnos al problema de la falta de dominio sobre nosotros mismos, porque sabemos qué es lo que nos sucede cuando nos domina la ansiedad, la ira y las tensiones y cómo debemos actuar para poner un remedio eficaz.

Ser dueño de uno mismo, autocontrolarse, no es una tarea fácil, ya que dentro de cada persona se libra una lucha permanente entre la mente, el pensamiento y las emociones y pasiones. Es aquí donde debe actuar la autodisciplina permitiendo que la mente, la razón guíe nuestra conducta y que siga bajo control los deseos instintivos de conseguir una satisfacción gratificante de forma inmediata. La persona verdaderamente autodisciplinada es al mismo tiempo libre al triunfar sobre sus emociones y pasiones y ser dueña de su destino.

La ley natural del equilibrio demuestra que las cosas que nos producen mayor cantidad de placer inmediato suelen ser las que más nos perjudican a largo plazo, bien sea en la salud, en la felicidad o en el éxito. Por la autodisciplina aprendemos a esperar pacientemente el día de la siega y de la recolección, como hace el sembrador cuando ilusionado y esperanzado derrama la semilla en los surcos abiertos.

Cualquiera que aspire a ser feliz, a realizar un proyecto de vida gratificante, a dar sentido a su vida, debe desarrollar el hábito de la autodisciplina, del control de sí mismo y de la paciente espera tras haber hecho día a día cuanto debe hacer con tesón y sin derrotismo. La autodisciplina confiere verdadero temple y vigor a la voluntad.

Bernabé Tierno

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