Arrastrados por el “SENTIMIENTO DE CULPA”

“Errar es humano, pero echarle la culpa a otro es mas humano todavía”.

Les Luthiers (grupo de humor).

 

Todos nos hemos sentido culpables muchas veces. La culpa es una de las emociones más paralizantes.

Generalmente cuando nos sentimos culpables, no actuamos para solucionar las cosas, lo único que hacemos es pensar y pensar en lo que sucedió y el lo que deberíamos haber hecho o dejado de hacer.

Mientras más pensamos, más culpables nos sentimos, pero seguimos sin hacer nada al respecto.

Además de hacernos sentir mal, la culpa nos hace perder nuestro presente, nos roba parte de nuestra vida.

Cuando quedamos atrapados en la culpa, nos enfocamos en el pasado, en lo que hicimos o deberíamos de haber hecho y no hacemos nada productivo con el único momento en el que realmente podemos actuar: el presente.

No importa cuánta culpa sentimos, el pasado ya no lo podemos cambiar.

Pero el sentirnos culpables, nos hace sentirnos mejor.

¿Por qué?

 Si hicimos algo mal, dañamos a alguien, etc. y nos sentimos culpables, pensamos que no somos tan malos.

Partimos de la idea de que alguien que es malo, no siente culpa y nosotros sí.

Vamos a ver un poco más detenidamente este sentimiento tan nefasto.
Nefasto porque puede hacernos actuar contra lo que realmente queremos y seguimos un camino equivocado en nuestra vida, nefasto porque nos hace sufrir y hace sufrir a los demás, nefasto porque no tan solo afecta a nuestro estado emotivo y nuestra autoestima, (puede llegar a provocar ansiedad, depresión, adicciones etc.) sino que también puede afectar gravemente a nuestra salud.

 

¿Cuándo nos sentimos culpables?
Nos sentimos culpables cuando pensamos que hemos hecho algo mal. .¿Pero quien dice que algo está mal?
Tu educación, tu cultura, tus creencias, tus valores. En realidad la idea de lo que es justo o no, de lo que está bien o mal está arraigada en nuestros corazones, es lo que podríamos llamar el “instinto del bien”, que suele ser común a todas las culturas. El problema surge cuando la mente inicia la definición de lo que es correcto o incorrecto o la del bien y del mal que has aprendido de tu familia, escuela, cultura, religión, etc. Durante este aprendizaje surge el miedo y el bloqueo mental (miedo al castigo, miedo a lo que piensen los demás y se burlen…)

Piensa que  todas las creencias creadas por los condicionamientos son solo ideas, son falsas perspectivas que te llevan a juzgarte a ti mismo. Cuando te juzgas como el “mal” te sientes culpable. Esta sentencia viene de tu mente, no de tu corazón. No olvides que tu corazón te permite saber cuando vas por mal camino pero nunca te juzgará por ello.
Cada vez que te sientes culpable simplemente da un paso atrás y observa la creencia en tu “mente”  que te hace sentir que hiciste algo mal. Entonces te darás cuenta de que tan solo se trata de una creencia , de un condicionamiento mental del pasado.

Una creencia es solo una idea y no una verdad. En realidad no hay nada correcto o incorrecto sino tan solo lo que tu etiquetas como tal con tu mente. 

Con entender esto solo, ya puedes empezar a liberarte de tu culpa.
También nos sentimos culpables cuando pensamos que somos malas personas
Alguien nos pide algo.. y no sabemos decir no.. porque si decimos NO pensamos que somos malos. Tenemos que hacer esto y lo otro porque sino nos sentimos culpables (o sea sino lo hacemos somos malos) y desde pequeños nos han dicho que tenemos que ser buenas personas.¿ No es cierto? Pero buenas personas ¿para quién? Crees que cuando haces algo por alguien que en el fondo no deseas o no puedes hacer eres bueno contigo mismo? Este comportamiento lo único que fomenta es que  las personas que no se sienten culpables y que no piensan en el daño que pueden hacer, puedan manejarnos a su antojo. Esto pone tu autoestima a cero, te sentientes frustrado y lleno de rencor y de rabia.
Sentimos culpabilidad cuando te sientes inactivo respecto a la sociedad – En nuestra sociedad se ha adoctrinado la importancia de la “actividad” tan profundamente en la psique de cada niño que cuando se hace mayor se siente culpable solo por relajarse. Si acabas de descansar en días laborales, empezarás a sentirte culpable al saber que hay mucha gente trabajando. Algunas personas se sienten incluso culpables si no están estresados porque sienten que no están haciendo lo suficiente

¿De donde viene la culpa?
Desde pequeños aprendemos a culpar a los demás para no sentirnos mal o a culparnos a nosotros mismos, de casi todo lo que sucede. Esta actitud está relacionada con la educación que recibimos y a la influencia de la cultura en la que vivimos.De pequeños escuchamos mensajes que influyen en nosotros a lo largo de toda la vida.

Mensajes como:

“Si no eres “bueno” nadie te va a querer.
“Por tu culpa me siento…”

Así adquirimos una escala de valores que califica las actitudes, lo que hacemos como bueno o malo y por consecuencia nos califica a nosotros como personas.

Esa escala de valores rige nuestra vida de adultos y se refleja en lo que creemos que debe de ser nuestro comportamiento.

Nos muestra nuestro yo ideal.
Si hacemos las buenas, nos consideramos como buenos.
Si hacemos las malas, nos consideramos así y buscamos un culpable.

Cuando hacemos algo malo, alejado de lo que nosotros o la gente piensa que debería de ser, nos sentimos culpables.

El problema no es la culpa, sino lo que hacemos con ella.

Cuando actuamos mal, es importante reconocerlo para corregir o para no volver a cometer el mismo error.

Reconocer que nuestra conducta fue inadecuada o mala.

Nuestra conducta, no nosotros.
No podemos calificarnos por lo que hacemos, porque hacemos muchísimas cosas, a veces bien, a veces mal y otras regular.
Y lo que hacemos mal, no siempre lo hacemos por maldad

• Puede ser por desconocimiento,
• por no analizar adecuadamente una situación,
• por dejarnos llevar por nuestras emociones.
• por error,
• etc.

La culpa es buena cuando nos sirve para analizar nuestro comportamiento y no a nosotros como personas.

Si nos quedamos atrapados en juzgarnos como personas, nos quedamos atrapados en la culpa.

La culpa la mantenemos con autorreproches y autoacusaciones.

 

Cuando nos sentimos culpables lo importante es:

1. Reconocer mi conducta.
2. Aceptar las consecuencias que provocó.
3. Analizar el motivo de mi actuación.
4. Corregir si es posible o pedir una disculpa.
5. Aprender para no volver a cometer el mismo error.

Actuar así se llama responsabilidad y es sinónimo de crecimiento emocional y psicológico, de madurez.

 

Ante la culpa lo que nunca tenemos que hacer es:

Culpar a los demás, tampoco soluciona nada.

Pero nos excusamos en que al culpar al otro me sirve para:

  1. No responsabilizarme de la parte que me corresponde.
  2. Jugar el papel de víctima y justificar mis conductas.
  3. Enfocarme en el otro, para tapar mi dolor.
  4. Enojarme y sentirme con mayor energía.

En una situación de dos, ambos son responsables.

 

Haz autoanálisis y saca lo positivo de este sentimiento negativo

El primer paso es reconocer que el pasado ya no lo podemos cambiar, por lo tanto, los pensamientos de “si hubiera…” o “yo debería haber…” son una pérdida de tiempo que te hacen sufrir inútilmente.

Analiza lo que sucedió. Tu conducta y las consecuencias.

¿Realmente tu sentimiento de culpa está en proporción con lo que sucedió?
¿Podrían estar un poco exagerados?

Si están exagerados, busca si la culpa no está tapando otro sentimiento o pensamiento más profundo qué es la causa real de tu malestar.

Si la culpa que sientes se relaciona directamente con lo que hiciste, acéptala.
Responsabilízate de ella, reconociendo que fue el resultado de una decisión.
Tal vez equivocada o no pensada, pero tomada por ti.

¿Por qué crees que actuaste así?
¿Cómo te sentías?
¿Qué pensabas?
¿Qué querías?

Analiza tus respuestas y entiende el motivo real de tu actitud.

En ocasiones nos cuesta trabajo ser honestos con nosotros mismos o porque no estamos acostumbrados a un análisis detallado o porque no nos gusta lo que podemos encontrar, pero es la única manera de mejorar nuestra vida.

Acepta que tus sentimientos y pensamientos son normales, dada tu situación y forma de ser.
Pero el entenderlo y aceptarlo sin juzgarte ni criticarte, no significa que lo justifiques y no hagas nada al respecto.

Pregúntate qué quieres hacer para mejorar la situación y aumentar tú bienestar.

El pasado no lo puedes cambiar, pero ¿qué puedes hacer ahora para mejorar las cosas o solucionar los problemas que resultaron de tu conducta?

¿Deseas disculparte?
Hazlo.
No dejes que el falso orgullo o lo que crees que pueden pensar los demás, impida que aceptes tu responsabilidad y que corrijas tus acciones.
No sólo es por la persona que resultó afectada, también es por ti.

Aprende a separar lo que es tu responsabilidad de la responsabilidad de los demás.

Si tú lastimaste a alguien y esa persona se fue y chocó, tú eres responsable de haberlo lastimado, pero él manejó el coche y chocó por lo tanto él es responsable de haber chocado

NO eres responsable de los sentimientos de los demás.

Nuestras emociones no estás causadas por los hechos o las palabras e los demás, sino por lo que nosotros pensamos de esos hechos o palabras.

No importa lo que le digas a una persona, si ella no le da importancia a tus palabras, no se va a sentir mal.

Acepta que no tienes qué sentirte culpable sólo porque los demás te culpen.

Tienes derecho a ser, pensar, sentir y actuar de manera diferente a lo que ellos consideran adecuado.
Pero si tu conducta tiene consecuencias, acéptalas, pero puedes hacerlo sin sentirte culpable.

Revisa si la culpa no está provocada por el perfeccionismo, demandas exageradas o tu estilo de pensamiento.
Si es así, corrígelo.

Recuerda que la culpa sólo es positiva cuando, siendo objetivo, puedo aprender algo de mí mismo y/o puedo corregir mi conducta.

http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/

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