ATMA VICHARA: La meditación más Profunda y más Contínua 5/5 (3)

Usted es la mente o piensa que es la mente. La mente sólo consiste en pensamientos. Pero detrás de cada pensamiento en particular existe un pensamiento general que es el “yo”, es decir usted mismo. Llamemos a éste “yo ” el primer pensamiento. Aférrese a este “pensamiento-yo” e indague sobre él para descubrir qué es. Cuando esta indagación prende con fuerza en usted, no podrá tener otros pensamientos.

(Ramana Maharshí: Sea lo que usted es, cap. 5)

Deseche todos los pensamientos excepto uno: el pensamientoyo soy. La mente se rebelará al principio, pero con paciencia y perseverancia cederá y se tranquilizará. Una vez que usted esté tranquilo, las cosas comenzarán a suceder de forma natural y espontánea, sin ninguna interferencia de su parte.

(Nisargadatta: Yo Soy Eso, cap. 8)
 

Contrariamente a las prácticas más corrientes del yoga, en las que las técnicas se cuenta por millares (cada escuela presume de tener unas especiales), el advaita carece de técnicas, a no ser que se considere técnica a la auto-indagación, que es un movimiento natural del Ser recordándose a sí mismo.

El consejo práctico que preconiza Nisargadatta no puede ser más sencillo:

Yo soy, usted lo sabe. Sea con ello todo el tiempo que pueda permitirse, hasta que revierta a ello espontáneamente. No hay ninguna vía más simple ni más fácil.

(Nisargadatta: Yo Soy Eso, cap. 5)

Ramana Maharshi incitaba a practicar de continuo el atma vichara, que consiste en preguntarse “¿quién soy Yo?” La cuestión de la búsqueda, de este modo, queda reducida a vislumbrar “quién es el que busca”, lo que explica la paradoja advaita que afirma que “el buscador es lo buscado”(1). Se trata de crear un círculo que remite siempre al “Yo”, de manera que éste es sentido como el principio y final de todo lo existente.

A veces, quienes se inician en la práctica del atma vichara, tras hacerse la pregunta “quién soy Yo” se encuentran frente a un vacío o una sensación insatisfactoria. Esto es debido a que la respuesta tiene por objeto sentir el “Yo” al margen de los atributos que lo acompañan (“yo soy el cuerpo”, “yo soy la mente”, etc.), lo que al principiante le cuesta debido a la inercia que le conduce a confundirse con sobreimposiciones. Conviene usar el atma vichara como un taladro de cara a ahondar en uno mismo.

“¿Quién dice yo soy el cuerpo?” La respuesta será otra vez “Yo”. Quienes han practicado técnicas como la meditación suelen encontrar aburrido o insípido este procedimiento, sin embargo, el sentido “Yo” es la salida del laberinto. Por él se entra y por él se sale.

Cuando le preguntan a Nisargadatta dónde hay que buscar, la respuesta es: “dónde es quién”.

El “pensamiento-yo” es como un espíritu que, aunque no es palpable, surge simultáneamente con el cuerpo, se desarrolla y desaparece con él. La conciencia del cuerpo es el “yo” falso. Deje esta conciencia del cuerpo. Esto se logra al indagar sobre el origen del “yo”. El cuerpo no dice “yo soy”; es usted quien dice “yo soy el cuerpo”. Investigue quién es este “yo”. Al buscar su origen, desaparecerá.

(Ramana Marharshi: Sea lo que usted es, cap. 5)

La pregunta “¿quién soy yo?” o “¿quién dice (piensa) esto?” no puede ser más fácil de hacer. Su dificultad radica precisamente en su sencillez. La mente suele interferir buscando todo tipo de pretextos para salir del sentido del “Yo”, que es, justamente, aquello capaz de calmar la mente en un inicio para luego ahondar, a través de “Yo Soy”, en el Ser Universal.

La mente se aquietará sólo a través de la indagación: “Quién soy yo”. El pensamiento “Quien soy yo” destruirá todos los otros pensamientos y éste mismo será destruido como la vara que se utiliza para remover la pira funeraria. Si surgen otros pensamientos, uno debe preguntar, sin permitir que se extiendan, “¿a quién le surgen”. Qué importa cuántos pensamientos surjan. En el momento en que surge cada pensamiento, si uno pregunta ¿a quién le surgió?, se sabrá que fue “a mí”. Si uno continúa e indaga “quién soy yo”, la mente retornará a su fuente (el Ser) y los pensamientos se aquietarán. Al practicar repetidamente de esta manera, el poder de la mente para mantenerse en su fuente va incrementándose.

(Ramana Marharshi: Sea lo que usted es, cap. 5)

Toda técnica, sea occidental u oriental, por muy compleja que sea, no tendrá otro fin que el de conducir, tarde o temprano, al “Yo Soy” comprendido como la Fuente de la consciencia individual inmersa en el océano infinito de la Conciencia pura, una y universal.

El atma vichara, cuando no es una mera pregunta lanzada al viento, es la forma natural de encontrar el centro u “ojo del huracán”. Desde ese centro no queda más que profundizar manteniéndose todo el tiempo posible en el “sentido Yo Soy”, que es sostén y fundamento de todo lo existente:

Mi mundo es yo mismo. Yo estoy en casa.

(Nisargadatta: Yo Soy Eso, cap. 7)

A primera vista, la filosofía advaita parece ardua. Lo es, como mencionamos en un principio, en la medida en que choca con el paradigma colectivo creado por individuos olvidados de sí mismos. Cuando se profundiza en el advaita, en cambio, la impresión es que su dificultad radica en su sencillez, inadmisible para la mente acostumbrada a proyectarse sobre los contenidos de conciencia.

Como puede observarse con relativa facilidad, casi todos aquellos que se inician en la búsqueda espiritual conceden mayor valor a las técnicas en la medida en que son más complejas. Parece que, cuanto más alambicadas sean, mayores provechos habrá de obtenerse con ellas. No es difícil encontrar a una persona consagrada durante años a realizar complejas respiraciones, contorsiones, ayunos, dietas, etc., con el fin de iluminarse un día, pero completamente olvidada de su mismidad. Personas como éstas, si son invitadas a dejar de lado sus admirables prácticas para limitarse a preguntarse “¿quién soy yo?” y posteriormente morar en el sentido “Yo” suscitado por la respuesta, pensarán que se están burlando de ellas ya que una práctica tan simple no podrá ser —desde su paradigma— más que un modesto y quizás aburrido pasatiempo. Sin embargo, quien busca entretenimientos y logros es el “falso yo”. El “Yo real” goza de sí mismo en la serenidad.

Oyente: Si trato de llevar a cabo la indagación “quién soy yo”, me duermo. ¿Qué debo hacer?
Ramana: Continúe la indagación durante todo el tiempo que está despierto. Eso será suficiente. Si lleva a cabo la indagación hasta que se duerma, continuará aún durante el sueño. Vuelva a la indagación tan pronto despierte.

(Ramana Marharshi: Sea lo que usted es, cap. 5)
 
OBSERVACIONES DE MOUNI SADHULas cosas más simples son también a veces las más difíciles de conseguir. Cuando tratamos de dar el portazo a todos los caprichos y fantasías de nuestra inquieta mente, y de concentrarnos en el motivo elegido para un propósito definido, la mente se resiste desesperadamente al control.
Hallad quien es el creador de los pensamientos, nos decía el Gran Rishi, porque esta es la verdadera realización.
Comencé a trabajar con el Vichara durante años antes de conocer a Maharshi, y el método de acuerdo a sus enseñanzas es como sigue:Sumergirse en meditación, haciendo una impresión clara en la mente exterior de que el Yo real no puede ser nada transitorio como el cuerpo, las emociones o la mente. Cuando este hecho esta firmemente establecido en la conciencia sin duda alguna, tratar de llenar todo momento con la pregunta “¿Quien soy yo?”. Cuando cualquier otro pensamiento entra en la mente, se le aplasta con el Vichara. Cuanto más determinda sea la perseverancia mejor será el resultado. Conforme se sustituye cada pensamiento que se aproxima por el mágico Vichara los periodos de calma absoluta devienen cada vez más largos.Donde quiera que estuviese, el Vichara estaba conmigo: caminando por la calle, sentado en el autobús o el tren y siempre que mi mente no estuviera ocupada en alguna actividad necesaria. Aprendí a llenar todo momento con el Vichara, excepto los de habla o de ocupación mental obligada, con el tiempo la mente había aprendido a recordar el Vichara de modo automático. Entonces los resultados fueron la paz de la mente, y el poder de usarla a voluntad como una fuerza aparte del yo individual.

El hombre corriente cree, en su ignorancia, que su cuerpo, emociones y mente, constituyen él mismo. El discípulo entrenado por un maestro supera esta falsedad y éste es el punto de inflexión en su desarrollo espiritual, siendo un “si ne qua non” para su progreso en el Sendero.

El aspecto espiritual del Vichara también es claro. Al usarlo estáis buscando vuestra herencia legítima, apuntando directamente a la fuente de la vida.

Maharshi revela, y el discípulo realiza que la vida eterna no es otra cosa que la conciencia ininterrumpida. Alcanzar este estado significa alcanzar la inmortalidad del espíritu, de la realidad. Tal es la meta y el objetivo último. No hay otra cosa. Meditad acerca de esto, y la verdad se volverá clara incluso para la mente exterior.

Tal es el cielo prometido al justo y al santo, como nos dijo Cristo. Para ellos ya no existe la muerte. ¡Cuan claras resultaban ahora las palabras de este otro gran instructor de la humanidad!.

Cuando nuestra conciencia alcanza el reino supramental, el reino del ser-espíritu eterno es inmutable, la realidad inmutable, entonces la muerte es simplemente transcendida y ya no existe nunca más. Ahora puedo comprender la verdad de las afirmaciones del Gran Rishi cuando niega la reencarnación. Desde este punto de vista tanto la muerte como la reencarnación son solo ilusiones y no afectan al Ser real, igual que nuestro cuerpo no es afectado por un cambio de traje.

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