El Arquitecto Universal de autolimita para conocerse a si mismo 5/5 (1)

El Ser, el conocedor, el Señor de todo, la existencia real es la causa de toda visión en el universo, pero le es imposible verse a sí mismo o conocerse a sí mismo, a no ser por reflexión. Vosotros no po­déis ver vuestra cara a no ser en un espejo, y de la misma manera, el Ser, no puede ver su propia naturaleza a no ser que esté reflejada, y todo este universo, por lo tanto, es el Ser, tratando de percibirse a sí mismo. Este reflejo se revela, pri­mero en el protoplasma, luego en los animales y las plantas, y así sucesivamente, en reflectores cada vez mejores, hasta llegar al mejor reflector — el hombre perfecto —. Es lo mismo que cuan­do un hombre, deseando ver su cara, se mira pri­mero en una pequeña laguna de agua turbia y ve sólo un bosquejo. Luego encuentra agua más clara y ve una imagen mejor, después un pedazo de metal bruñido le hace ver una imagen mejor todavía, hasta que al fin halla un espejo de cristal y se ve reflejado tal cual es. Por consiguiente, el hombre perfecto, es el reflejo más elevado de esa existencia que es ambas cosas, el sujeto y el objeto. Ahora veis el porqué el hombre adora instintivamente todas las cosas, y como los hom­bres perfectos son instintivamente adorados como dioses en todos los países. Podéis decir lo que queráis, pero ellos serán adorados de todos mo­dos. Esto es el porqué los hombres adoran a las encarnaciones tales como Cristo y Buda. Ellos son las más perfectas manifestaciones del eterno ser. Ellos son mucho más elevados que cualquier concepto de Dios que vosotros o yo podemos tener. Un hombre perfecto es mucho más elevado que tales concepciones. En ellos se ha completado el círculo; el sujeto y el objeto se han hecho uno. En esos hombres todas las ilusiones han des­aparecido, y en su lugar adquieren la realización de que siempre han sido ese ser perfecto. ¡Cómo, entonces, viene esta limitación? ¡Cómo es posible que este ser perfecto haya degenerado en lo imper­fecto? ¡Cómo pudo ser posible que lo libre vinie­se a ser subordinado? El advaitista dice que nun­ca ha estado subordinado, que siempre fué libre. Varias nubes de distintos colores se forman en el cielo. Permanecen allí un minuto y luego des­aparecen. El eterno cielo azul es el mismo siempre. El cielo nunca cambia; es la nube la que está cambiando. Asimismo vosotros sois siempre perfectos, eternamente perfectos. Nada cambia nun­ca vuestra naturaleza, ni nada la cambiará.

 

To­das esas ideas de que soy imperfecto, de que soy un hombre o una mujer o un pecador, o que soy la mente, que he pensado o que pensaré, son todas alucinaciones; vosotros nunca pensáis, nunca habéis tenido un cuerpo, nunca habéis sido imperfectos. Vosotros sois el Señor bendito del universo, el omnipotente regulador de todo lo que es y será, el poderoso regulador de los soles, las estrellas y las lunas y las tierras y las plantas y todos los pequeños fragmentos de nuestro uni­verso. Por (al través de) vosotros el sol brilla y las estrellas resplandecen y la tierra se pone bella. Es por vuestra misericordia que todos ellos se aman y son atraídos unos a otros. Vosotros estáis en todo y vosotros sois todo. ¿A quién evi­tar ni a quién aceptar? Vosotros sois el todo en todo. Cuando viene este conocimiento inmedia­tamente se desvanecen todas las ilusiones.

 

Una vez viajaba yo en un desierto de la India. Viajé durante un mes, y siempre hallaba ante mí los más preciosos paisajes, hermosos lagos y todo lo demás. Un día tenía mucha sed y quise beber en uno de aquellos lagos; pero cuando me apro­ximé, el lago se desvaneció. Inmediatamente vino a mi mente la idea de que aquello era un espejis­mo, acerca de lo cual había leído durante toda mi vida, y recordándolo entonces me reí de mi  engaño. y comprendí que durante un mes había estado viendo lindos paisajes y lagos que sólo eran producto del espejismo, y que ahora no po­día distinguirlos. A la mañana siguiente empren­dí mi camino otra vez; allí estaba el lago y el paisaje, pero al verlos inmediatamente me vino la idea: “Esto es un espejismo.” Una vez cono­cido había perdido su poder de ilusión. Del mis­mo modo. esta ilusión del universo desaparecerá un día. Todo esto se desvanecerá, se disolverá.

 

Es muy difícil alcanzar el JnOnam. Es para los mis valientes y los más intrépidos, para los que tienen la valentía de derribar todos los ídolos, no sólo intelectualmente sino también en los sen­tidos. Este cuerpo no es yo, que vaya a paseo. De esto se originan muchas cosas curiosas. Un hombre se levanta y dice: yo no soy el cuerpo, por lo tanto, este dolor de cabeza debe curarse, pero ¿dónde está el dolor de cabeza si no está en el cuerpo?. Que mil dolores de cabeza y mil cuerpos vayan y vengan. ¿Qué me importa a mí? “Yo no tengo nacimiento ni muerte: nunca he tenido padre ni madre; no tengo amigos ni enemigas, porque todos ellos son yo; yo soy mi pro­pio amigo y mi mismo enemigo; yo soy existen­cia, conocimiento, dicha absoluta; yo soy El, yo soy El.” Si en mil cuerpos estoy sufriendo de fie­bre y otras enfermedades, en millones de otros cuerpos estoy gozando de salud. Si en mil cuer­pos estoy sufriendo hambre, en otros mil cuer­pos estoy comiendo. Si en un millar de cuerpos estoy sufriedo miseria, en millares de otros cuer­pos soy feliz. ¿Quién acusará a quién? ¿Quién alabará a quién? ¿A quién buscar? ¿A quién huir? Yo no busco a nadie ni huyo de nadie, por­que soy todo el universo, yo me alabo a mí mis­mo y me censuro a mí mismo; yo sufro por mí mismo y soy feliz a mi propia voluntad; yo soy libre. Este es el Jnáni bravo e intrépito. Aunque se derrumbe el mundo entero, él se ríe y dice que el mundo nunca ha existido. Todo era una aluinación;

Swami Vivecananda: Gnana Yoga

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