El ego y el tiempo 4.33/5 (3)

El presente se mueve continuamente entre los recuerdos y los proyectos, por tanto, entre el pasado y el futuro; ambos carentes de entidad.

Cuando uno es joven tiene más proyectos que recuerdos; cuando uno es viejo tiene más recuerdos que proyectos; o se vive más en el futuro, que todavía no existe, o en el pasado, que ya no existe.

En cualquier caso, toda la entidad del presente es un conglomerado de recuerdos y proyectos.

El presente es pues un espacio vacío lleno de pasado y de futuro.

Vivo el presente

  • recordando el pasado,
  • proyectando el futuro,
  • decidiendo el presente, según la lectura que el pasado hace del futuro,
  • decidiendo el presente, según la lectura que el proyecto futuro hace del pasado.

El momento presente es una vasija vacía en la que se mezclan y se articulan los patrones del pasado y los proyectos del futuro.

Los efectos del pasado en el ahora, eso es la propia historia, eso conforma al ego y ese es el fundamento de la propia identidad. El peso de mi karma es el pasado. Eso es el sustrato de mi ego y de mi identidad.

Los aciertos y los fracasos, los remordimientos, las rebeliones, los resenti­mientos, los recuerdos, eso es el peso del pasado. Las inquietudes, las ansiedades,

las tensiones y los miedos, los proyectos, eso es el futuro. La conjunción de ambos es el ego y la propia identidad.

Mi identidad, mi individualidad es ese paquete que no existe más que en mi mente porque ni el pasado ni el futuro existen. Esa individualidad mía se identi­fica con mi cuerpo.

Mi individualidad, mi identidad, está presente sólo como lectura del pasado desde los efectos del pasado, para proyectar el futuro.

El presente no tiene otro valor que el de tránsito del pasado al futuro. No tiene valor en sí. En el presente se intenta transitar de la carencia, la frustración, el fracaso y el resentimiento a la salvación.

En el pasado y en el futuro preponderan los patrones, paradigmas, concepciones, recuerdos, figuraciones, proyectos. Por tanto, prevalecen los conceptos y representaciones -es decir, las ausencias-, sobre las percepciones, que son las presencias.

Necesitamos del pasado para tener una identidad y del futuro para tener la esperanza de salvación. Pero el pasado no existe, por tanto, tampoco la identidad; el futuro tampoco existe, ni la salvación que vendría con él.

Cuando la atención se centra en el presente, no hay relectura de los datos desde el pasado para proyectar el futuro; no hay ni recuerdos ni proyectos.

Cuando no hay ni recuerdos ni proyectos, no pesan los efectos del pasado y cesa el influjo del karma. Si eso ocurre, no hay ego, ni identidad, ni individualidad. Priman las percepciones mentales y sensitivas, que son presencias, sobre los recuerdos y proyectos, que son siempre conceptos, patrones, representaciones, ausencias.

Cuando se impone la atención mental y sensitiva, que es presente, no hay individualidad ni identidad; se está en el cuerpo pero sin identificarse con él. La razón es patente: lo que no tiene ni identidad ni individualidad no puede identi­ficarse con el cuerpo.

La atención al presente y a la percepción, crea el silencio del pasado y del futuro y, con ello, la distancia de la identidad fundamentada en el ego

 

El ego y el tiempo

El ego es un hatillo de patrones de interpretación y valoración que derivan de un conjunto de recuerdos que generan proyectos. Los patrones son patrones de objetivación porque los recuerdos y sus derivados, los proyectos, son figuraciones, objetivaciones.

Los constitutivos del ego, pues, son distancias, (toda objetivación es un distan­ciamiento), sustituciones, (una representación sustituye a lo que representa), ausencias (la figuración y la representación crean la ausencia de lo representado porque ocupan la mente sin dejar espacio para lo real).

El ego, en cuanto contrapuesto a los objetos, es sólo un manojo de patrones de lectura y de proyección. Es un paquete de patrones para crear proyectos al servicio de un viviente.

Esos patrones de percepción, objetivación y proyección son efecto de miles de actos de una cadena de vivientes que se pierde en un pasado sin principio y que se entrecruzan, en un nudo único, el ego.

Esos patrones son efecto del pasado pero existen y operan en el presente, porque el pasado ya no existe, proyectando el futuro.

El complejo de patrones es hijo de un pasado desaparecido y apunta a un futuro por llegar.

Cada ser humano es un hatillo de patrones de lectura, concreto y único. Es un software exclusivo, resultado de un cruce único de causas, en un cuerpo viviente concreto.

El ego es sólo patrones, conceptos, coordenadas de interpretación, figuraciones; todo del orden de la representación, por tanto, del orden de las ausencias.

El ego no existe en el pasado, pero recuerda un pasado y se identifica con él.

No existe en el futuro, pero lo proyecta y se identifica con esa proyección. Iden­tificándose con el pasado y con el futuro, se identifica con algo que no existe.

El ego hace del pasado y del futuro entidades reales y se identifica con ellas; pero no son entidades reales, son representaciones, sustituciones, ausencias. Así resulta que la identidad del ego está vacía.

El ego, al identificarse con el pasado y con el futuro, que son representaciones y ausencias, bloquea el presente como presencia y percepción y hace de la percepción una pura interpretación y objetivación desde el pasado en función de los proyectos del futuro. La identificación con la propia historia y con los proyectos vacía el presente de realidad.

El pasado vacío, que llena el presente de representaciones y figuraciones futuras, es el ego.

El presente, que sólo existe como recuerdo del pasado y como proyecto del futuro, y que está vacío de presencias, es el ego.

El futuro que todavía no existe y que sólo existe como proyecto, es el ego.

El pasado como recuerdos que determinan los patrones de interpretación y valoración, el presente como lugar del recuerdo, de la presencia del programa de lectura y de creación de proyectos, y el futuro como proyectos, forman el tiempo, todo él conceptos, interpretaciones, figuraciones, ausencia de percepciones mentales y sensitivas directas. Ese tiempo de patrones, representaciones y proyectos es el ego. El ego es un tiempo psicológico, porque el tiempo físico es espacio y movimiento.

¿Pueden formarse conceptos y figuraciones mentales sin tiempo? No, porque los conceptos y figuraciones son formas y las formas requieren del espacio y del tiempo, aunque sólo sea el tiempo sin principio ni fin, que llamamos la eternidad, o el espacio sin límites, que llamamos el infinito.

El tiempo psicológico y el ego son lo mismo; uno y otro son representaciones, figuras, formas, objetivaciones.

El ego y el tiempo excluyen a la pura percepción mental y sensitiva porque la pura percepción mental y sensitiva olvida los efectos del pasado y los proyectos del futuro, porque olvida las representaciones y los proyectos, -que son ausencias, para volverse al presente, para volverse a la presencia de la realidad libre de modelación y objetivación, libre de repetición y de distancia.

Esa percepción, inmediata y directa, es muestra de interés y amor por lo que hay y no por mi representación de lo que hay; ama, testificando la presencia; testifica, amando lo que hay.

Por su misma naturaleza, la percepción mental y sensitiva directa muestra que el tiempo y el ego están vacíos y que, por consiguiente, ni hay tiempo ni ego.

El tiempo psicológico y el ego se crean con unos mismos procesos; son dos caras de unos mismos acontecimientos; están ambos construidos al servicio del viviente y ambos están vacíos.

Mariá Corbí: Por los caminos del silencio

 

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