El Final de la Espiritualidad y el Salto al PRESENTE 5/5 (1)

Una comprensión de Jeff Foster

Después de meses y meses de cuestionamiento intensivo, de meditación y de muchas otras prácticas de la llamada “autorrealización” (como las enseñadas por Ramana Maharshi, J. Krishnamurti y Nisargadatta Maharaj, por nombrar sólo unas pocas) creí haber visto, de una vez por todas, a través del “yo”. Hubo experiencias espirituales extraordinarias, una sensación de paz muy profunda, largos períodos sin pensamiento, lágrimas y cosas de lo más ordinario (como sillas, mesas, árboles, gatos…)
Entonces llegué a creer –aunque no lo considerase una creencia, sino la realidad misma– que estaba iluminado y que los demás no lo estaban. ¡Pero lo cierto es que eso no era más que otra creencia!
Y también llegué a creer que, de algún modo, yo era especial.
Pero esa creencia no pudo sostenerse durante mucho tiempo. Ninguna creencia puede hacerlo.
Al cabo de un tiempo, vi a través de esa idea de iluminación personal exclusiva y llegué a creer que alguien se había iluminado, pero que las demás personas todavía no lo habían “advertido”. Y entonces me convencí de que tenía la obligación de informar a los demás de ese secreto para acabar, de ese modo, con su sufrimiento.
Sin embargo, la mente tampoco se salió entonces con la suya, porque no tardé en darme cuenta de que nadie puede “iluminarse” nunca, y de que ésa no era más que otra creencia. ¿No consiste acaso la iluminación en ver a través de todas las creencias?
Y ésa era también otra creencia.

¡Entonces me di cuenta de que todo era un pensamiento, una creencia, mente! ¿Cómo podemos saber algo? ¿Y cómo podemos, si tal cosa no es posible, saber eso?
¿Cómo podía, si estaba iluminado, saberlo? ¿Cómo pueden, quienes afirman haber alcanzado la “liberación” o “ver a través de todas las creencias”, saberlo? ¿En qué se basan para fundamentar tales afirmaciones? ¿No son la “iluminación” y la “liberación” meras palabras, creencias y conceptos?
No había modo alguno de escapar de eso. Estaba atrapado en el círculo cerrado de las creencias. Poco importaba lo que creyera que alguien o nadie había “visto”, “observado” o “comprendido” (porque lo cierto es que había conectado con el lenguaje de la no dualidad, porque eso seguía siendo pensamiento, separación, lenguaje y búsqueda. Estaba atrapado en un círculo vicioso y violento de que no había modo de escapar.
Y también hubo una gran frustración, un agotamiento y una desesperación profunda y oscura sobre la naturaleza ridícula y absurda de la búsqueda espiritual.
Y, en medio de toda esa desesperación, algo se reveló.

Durante esos días, la búsqueda murió, no sé cómo ni por qué, pero así fue.

¡Pero eso no fue, en modo alguno, algo que lo lograse!
¿Qué es entonces lo que queda?
La respiración.
Los latidos del corazón.
Las sensaciones corporales.
La ensalada de atún.
El crujido de las hojas de lechuga.
El difuso olor del atún.
El tenedor subiendo… arriba, más arriba, todavía más arriba… ¡Crunch!

Sin nadie que lo poseyera y sin nadie que lo entendiera. Sólo esto.
Flotando en la nada y bañado en la vacuidad, pero total y absolutamente pleno. ¡y más allá de todas esas palabras y más allá de cualquier pensamiento que alguien pudiese tener, está ese tenedor que innegablemente vuelve a subir… y que ya llega a la boca! ¡Y el masticar de los dientes! ¡Crunch!
Y este ¡crunch! Pone punto y final a toda espiritualidad.

Antes de la iluminación, ¡crunch!, ¡ensalada de atún!
Después de la iluminación, ¡crunch!, ¡ensalada de atún!
Pero, obviamente, no hay antes ni después, como tampoco hay iluminación. Ésas no son más que meras historias.

EL JUEGO DE LA BÚSQUEDA
La búsqueda espiritual sólo puede conducir a la frustración, porque lo que se busca es idéntico a lo que está buscando. Queremos poner fin a la búsqueda ignorando la deslumbrante evidencia de que toda búsqueda implica la existencia de algo que debe ser encontrado. En esa creencia, de hecho, descansa toda búsqueda.
Pero esa creencia, en realidad, es la misma búsqueda. ¿No es sorprendente que esa búsqueda perdura toda la vida?
Y con la búsqueda llega la identificación con “el que busca”. Toda búsqueda implica un buscador. Pero buscando el final del buscador, el buscador ignora la evidencia de que el “problema” reside en la búsqueda, porque toda búsqueda implica que ahora hay algo equivocado. La búsqueda implica una resistencia a lo que es, una resistencia que es idéntica al yo, a “mí”.
La búsqueda implica un futuro en el que el buscador acabe desapareciendo. Y entonces se busca desesperadamente esa existencia futura del buscador libre. Pero, mientras exista búsqueda, habrá un “yo” que busque, que es precisamente lo que la búsqueda pretende finalizar. Pero el que busca y el que se supone que “ve a través” están presentes ahora mismo, en este mismo instante, como pensamiento. Ésa es, de hecho, la única realidad que tiene la persona. Y, aun en el caso de que fuese posible alcanzar la “liberación”, no podría, en modo alguno, ser realizada ahora.

Esto es todo lo que hay y no es necesario futuro alguno para “ver a través de ello” ni para “realizarlo”. La misma búsqueda es, de hecho, la que implica que esto no está todo aquí y de que hay algo más. La búsqueda es la negación de la presencia absolutamente sencilla y evidente que es idéntica a este momento.
Pero nosotros seguimos empeñados en la búsqueda, esperando el día en que seamos como esos tipos iluminados que hablan y hablan de la paz, del amor, de la alegría y del final del sufrimiento, y que nos brindan un camino a seguir.

Pero la paz, el amor y la alegría ya están aquí, ahora mismo.
La paz, el amor y la alegría son muy simples.

Y se presenta como:
El latido del corazón.
El goteo del grifo.
El zumbido de la lavadora.
La respiración.
Los pensamientos que aparecen.
Una sensación de hambre.
Un ligero dolor de pecho y de estómago.
Y el murmullo de la televisión.
Este es el milagro que tanto nos hemos esforzado en buscar a lo largo de toda nuestra vida… y que siempre ha estado delante de nuestras narices.

Del libro: Más allá del despertar, Jeff Foster

 

Jeff Foster entrevistado…al final solo queda la risa.

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