Preguntas y Respuestas sobre la REALIDAD e ILUSIÓN: Sri NISARGADATTA MAHARAJ -7- 5/5 (1)

 

Maharaj: El cuerpo es un objeto hecho de alimento, es sólo alimento. Usted es el almacén de la digestión de los alimentos que consume y la esencia de este cuerpo-alimento es el cono­cimiento «yo soy».

En este bastoncillo de incienso, hay un perfume. Cuando le enciende, el perfume se des­prende, ¿no es así? Similarmente, el olor «yo soy» está en el cuerpo y, al percibir este «yo soy», usted sabe que se trata de la esencia del cuerpo-alimento que se desprende. Pero lo que percibe esta cualidad no es «yo soy». Lo que percibe está más allá de «yo soy», es antes de «yo soy», lo Absoluto.

V.: A un biólogo le es posible predecir exactamente lo que le ocurrirá a la flor, cuándo se abrirá, cuánto tiempo durará. Los astrólogos tienen igualmente la convicción de que los cinco elementos se estructuran de una cierta manera en un cuerpo humano y que es posible prever la evolución de esta estructura. Prever el momento en que se disolverá, lo mismo que el biólogo puede predecir cuándo morirá la flor.

M.: Usted habla de conocimiento ligado al tiempo. Toda ciencia está ligada al tiempo, tanto la astrología como la biología. ¿No puede usted hablar de lo que es más allá del tiempo?

M.: ¿Viene aquí por primera vez?

V.: No, ya he venido antes.

M.: Veo que usted se ha dejado crecer la barba, y que lleva una túnica y collares. ¿Piensa que eso le va a permitir alcanzar el Brahman? ¡El que está a su lado lleva una túnica más bonita que la suya, quizás esté en situación de hacer preguntas más profundas!

V.: Mi barba y mi túnica no buscan expresar nada.

M.: ¿Es corriente en su país vestirse así?

V.: No.

M.: A usted le causa placer que todas las gentes con las que se encuentre se digan: «¡He aquí un buscador de la verdad!»

V.: Por el momento, me gusta vestirme así, no hay otra razón. Por lo demás, en mi país esta ropa no implica que yo sea un buscador de la verdad, yo no soy indio.

M.: Usted no es indio, pero es humano. El ser humano se comporta de manera diferente según su país de origen, pero el principio de base que le anima es común a todos los hombres.

V.: Es cierto, pero los estilos y las modas cambian.

M.: Lo que acabo de decir concerniente al principio de base, compréndalo así: No adopte ninguna actitud, ninguna pose, no lleve signos exteriores. Siga su profesión, cualquiera que sea, que nada se lo impida. En cuanto a la espiritualidad, es una cosa diferente, ella no puede ser comprendida por las apariencias. Es muy simple: ¡Yo no soy el alimento, ni el cuerpo formado por la esencia del alimento

V.: Es efectivamente muy simple, pero no es fácil de realizar.

M.: Para el que se ha desligado de su pasión por la existencia, es muy simple. Para el que sueña, es difícil. Para el que está atrapado en las tinieblas de su ignorancia, ligado a las formas y a las ideas, para él, es difícil.

V.: Usted ha mencionado precedentemente la orden de los jñanis. Me gustaría saber más sobre este tema. Usted dice que a ese nivel ya hay la noción «yo soy».

M.: Jñana es la revelación «yo soy».

El jñani es lo que conoce el conocimiento «yo soy», este toque de eseidad ínfima que expresa el universo entero.

V.: Yo querría saber si un jñani vuelve otra vez, si tiene todavía un destino.

M.: Esta fuerza universal, expresión de «yo soy», se manifiesta en una multitud de naci­mientos y de muertes. Usted la considera como una sola entidad, como «yo he nacido y voy a morir». Ahí está su error. Esta fuerza vital toma nacimiento en formas innumerables y cada una de estas formas contiene también su propia muerte.

Éste es el gran juego de la fuerza vital, pero usted no quiere considerar más que un elemento aislado. Usted se dice «yo he nacido y, por consiguiente, moriré y renaceré de nuevo». Usted forma estos conceptos como individuo, pero usted es inseparable del conjunto de esta fuerza en movimiento.

La tierra vive bajo múltiples formas. Considere las diferentes vegetaciones, plantas, hierbas, flores, árboles. Reflexione sobre cuántos nacimientos y muertes supone toda esta vegetación. Y el agua forma parte de ella, es un aspecto de esta fuerza vital, y vea el número de organismos que viven en el agua.

V.: ¿Qué entiende usted por morir?

M.: Olvidar esta constatación «yo soy». ¿Qué entiende usted por dormir? El sueño profundo es igualmente un olvido de sí mismo.

M.: ¿Qué entiende usted por el sueño?

V.: Cuando nos habla del aire, del agua, del fuego, uno tiene la impresión de que estos elementos ocupan un espacio; pero, si todo eso es una construcción mental, un sueño, eso no existe en el seno de un espacio en mayor medida que nuestros sueños nocturnos.

M.: Para el que duerme y sueña, «yo soy» ha despertado primero en el sueño. Desde que aparece, «yo soy» suscita un espacio que es ocupado instantáneamente por el sueño, pero la fuente está en esa constatación «yo soy».

V.: Usted dice que este «yo soy» no tiene forma, pero que desaparece cuando uno muere. Ahí hay una contradicción.

M.: Esta constatación «yo soy» depende del cuerpo-alimento, es un producto del cuer­po-alimento. La parte incandescente de este bastoncillo de incienso depende del bastoncillo, que es su combustible. Cuando se ha consumido, el fuego desaparece, todo está extinguido. En ese estado extinguido, ¿de qué depende el fuego? ¿Dónde ha ido el fuego?

Similarmente, este conocimiento «yo soy» se extingue, pero es como el fuego, no va a ninguna parte. En ese momento de la extinción, algunos se aferran a conceptos, «yo he come­tido numerosos pecados» o «yo he hecho acciones meritorias», y, como consecuencia de estos conceptos, pueden tener que renacer. ¡Pero eso es lo que dicen los Vedas, no yo!

V.: ¿Existe el espacio en realidad?

M.: No. En realidad, el espacio no tiene existencia, el espacio es una ilusión.

V.: He aquí por qué he hecho mis preguntas. Yo quería estar seguro de que usted no había dicho que los sueños ocupaban un espacio propio.

M: Es de «yo soy» que surge ese espacio. Es por eso que un jñani no considera este espacio —este mundo de sueño y de vigilia— como real. No es más que una apariencia, una ilusión. Usted está aquí ahora, pero en el momento siguiente, ¿dónde estará? ¿Quién puede saber? Mientras que un jñani no está condicionado por el tiempo.

Antes del tiempo, durante el tiempo y después del tiempo, el jñani prevalece siempre. No existe ninguna medida visible, observable que le concierna, pero él observa todas las cosas. Ni el futuro ni el pasado pueden alcanzarle. Él no tiene ninguna razón para desear estar vivo, para proseguir su existencia. Un tal pensamiento no puede venirle. Sin deseo, sin necesidad, sin emociones, él prevalece. Él es siempre pleno, completo, total. En la morada del jñani no hay ni luz ni oscuridad. Él es más allá de «yo soy». En la morada del jñani no hay ni espíritu, ni substancia, ni Brahma, ni Maya. El jñani no tiene este estado «ser». En la morada del jñani no hay ningún movimiento. Es un estado homogéneo, completo, un estado sin estado. Mientras que ustedes, incluso aquellos que comienzan a alcanzar el cono­cimiento, se toman como formas ligadas a un cuerpo macho o hembra. Es por eso que su ha­bilidad para prever por la astrología, como ya se ha dicho, no puede ser ejercida sobre mí. Si quieren medirme con la ayuda de elementos ligados al tiempo, no comprenderán nada y per­manecerán presos del tiempo y de la muerte.

V.: ¿Es usted más allá de las influencias astrológicas?

M.: Este estado cuerpo-mente es esclavo del tiempo, y acontece entre el nacimiento y la muerte. Incluso esta constatación actual «yo soy» es, como el estado de vigilia y de sueño con sueños, un estado transitorio. Esta necesidad de predicciones, de saber lo que va a ocurrir, es una prueba de su apego a este estado cuerpo-mente. Uno de cada millón es capaz de com­prender lo que digo, de asimilarlo. La gran mayoría de las gentes que vienen aquí se esfuerzan en comprenderme desde el cuerpo-mente. Todos ustedes están ligados unos a otros por su mutua intimidad, sus afecciones, sus amores. Esta adhesión a su intimidad les impide desem­barazarse de este estado cuerpo-mente, y mientras dure esta identificación es imposible com­prender la consciencia.

A un hombre se le cae al mar un billete de mil dólares. Él se tira al agua para coger el billete a causa de su intimidad con esos mil dólares. Él se tira y se ahoga.

Esta intimidad, esta familiaridad con lo que ustedes llaman la vida es la cuerda que les es­trangula. El intenso deseo de prolongar su eseidad no existe para el jñani, para lo Absoluto.

El jñani es el principio que soporta la consciencia, el ser y los otros estados. La consciencia está ligada al tiempo, el ser está ligado al tiempo e, igualmente, el estado de vigilia, de sueño con sueños, y de sueño profundo están ligados al tiempo. Eso es reconocido, comprendido y observado por el jñani, lo Absoluto.

Es por eso que él no es afectado por todos estos juegos de la consciencia. Esta consciencia es muy poderosa, ella le encadena a todo eso, hace de usted una pelota impulsada de acá para allá. 

Esta consciencia es la ilusión primordial, es la fuerza más alta; ella le ha atrapado, le ha cogido en la trampa. Usted tiene que reconocer esta trampa, comprender lo que es este principio y, en el curso de este proceso de comprensión, escapará de ella.

V.: ¿Qué entiende usted por la verdad?

M.: No es posible definir la verdad en palabras. No se puede formular ningún concepto aplicable a la verdad. ¿Cómo conocer la verdad?

¿Cómo sabe usted que tiene un cuerpo? ¿Cómo sabe que usted es una mujer, que tiene una forma?

V.: Yo sé que soy una mujer porque siempre se me ha dicho que era una mujer.

M.: Usted ha sabido que era mujer después de que se haya producido esta forma. Primero se ha constituido esta forma femenina y, más tarde, usted ha sabido que eso correspondía a una mujer. ¿Cómo hizo usted para tomar una forma femenina? ¿Qué hizo para llegar a la informa­ción «yo soy una mujer»?

V.: ¡Yo no hice nada en absoluto!

M.: Para descubrir la verdad, es lo mismo. Yo no hice nada, jamás pensé en ello. Para ser la verdad, le es necesario comprender lo que no es la verdad. Es lo único que puede comprender.

V.: Sin embargo, todo lo que escucho aquí no son más que conceptos.

M.: Es exacto que los conceptos no corresponden en nada a la verdad. Incluso que usted está sentada aquí, es un concepto del que tiene que desembarazarse.

V.: ¿Pero entonces por qué hay una película? ¿Por qué ha comenzado esta película, este «yo soy»?

M.: No imagine que se trata de un usted individual, no hay más que el juego de la cons­ciencia universal.

V.: Pero usted ha dicho que sabe lo que usted era antes de haber sido concebido. A partir de la concepción, la película de nuestra vida se desarrolla. ¿Por qué comienza la película en ese momento?

M.: No hay ninguna razón para eso. Nadie es su autor, eso ocurre, es todo.

V.: ¿Habrá otra película?

M.: ¡Millones y millones de películas se desarrollan en este momento mismo, millones!

V.: ¿Y qué le ocurre a un jñani?

M.: Nada. Él está fuera del alcance de esta película o «yosoydad». El principio jñani no puede ser tocado por esta película-consciencia.

V.: ¿Puede tener después otra película o bien para él se ha acabado para siempre?

M.: Millones de películas son constatadas por este principio jñani, pero él es inaccesible.

V.: Yo querría saber la diferencia entre el estado de sueño con sueños y el estado de vigilia.

M.: Son idénticos, la única diferencia es su duración. El mundo del sueño con sueños y el de la vigilia tienen una misma fuente.

V.: ¿Tienen los sueños un significado?

M.: Para llegar a comprender la irrealidad de este mundo de vigilia, el mundo del sueño con sueños puede representar una ayuda. ¿Cuándo ha conocido usted el sueño en tanto que sueño? Al despertar. Un gran número de seres sufren en este mundo de vigilia, en el mundo del sueño los seres también sufren.

V.: ¿Pero cómo es posible que en una pesadilla se pueda sufrir tanto como en una situación de vigilia?

M.: Porque el mundo del sueño y el de la vigilia tienen una misma fuente, a saber, este conocimiento «yo soy». La constatación «yo soy» es en sí misma la fuente de este sufrimiento.

El principio que le libra de ese mundo de sueño con sueños, que borra ese universo de sueño, le introduce en el estado de vigilia que es igualmente un mundo de sufrimiento.

V.: ¡Pero en los dos estados el sufrimiento es el mismo!

M.: Es porque provienen de una misma fuente, a saber, este conocimiento, esta certeza de ser, expresada por «yo soy». Éste es el comienzo del sufrimiento, usted sufre porque es cons­ciente.

V.: Entonces, ¿cuál es el remedio?

M.: Permanezca tranquilo y comprenda la fuente de «yo soy». Al hacerlo, se librará de él.

V.: ¿Estoy yo en el mundo o el mundo está en mí?

M.: Creer que el mundo es real es la causa de su sufrimiento. Aceptar que el mundo es real permite que esta convicción «yo soy» devenga la fuente de su angustia.

Supongamos que usted ve en un sueño un gran número de insectos, de animales, de seres humanos que están sufriendo. El mundo del sueño condiciona al que sueña, pero cuando se despierta, ¿está desolado por haber perdido el sueño? Los seres humanos, los animales, los insectos que sufrían han desaparecido, todo ha terminado. ¿Lamenta el presenciador todo eso?

V.: No, estará feliz por ello.

M.: Para el jñani es la misma cosa. Él reconoce y comprende este mundo. Mientras la consciencia, la constatación «yo soy» del jñani, esté ahí, él comprende «esto es el mundo». Pero para él este mundo manifestado es como el sueño que comprende el hombre que se despierta. Para el jñani, todo lo que depende de lo manifestado es un sueño; es por eso por lo que es feliz.

Usted no ha observado bien esta constatación «yo soy». Cuando se establezca en esta ob­servación de la consciencia «yo soy», estará en disposición de librarse de ella. Así pues, ob­serve este punto que es el centro del mundo de vigilia y del mundo de sueño con sueños.

“Yo no sabía” Extracto Charla 8

 

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