¿Qué destino es diseñado por las tradiciones religiosas? 5/5 (1)

En los conocimientos que intervienen conceptos o simbolizaciones puede haber divergencias, pero cuando el conocimiento es desde el silencio de repre­sentaciones conceptuales y simbólicas, no hay divergencia posible entre los verdaderos conocedores. Los enfrentamientos, las luchas, los menosprecios entre tradiciones religiosas diversas se dan sólo entre los que ligan su conocimiento a formulaciones y formas.

El Absoluto es un abismo de infinitud y de unidad, pero, advierte Sankara que no se puede afirmar tampoco que, aunque lo absoluto sea uno, se puedan tener de Él diierentes tipos de conocimientos. Cuando el conocimiento es desde el silenciamiento de las representaciones, ¿de dónde surgirían esas diferencias?

Los diversos sistemas simbólicos y las diversas tradiciones hablan de las diversas perspectivas que puede presentar el Único a nuestras limitaciones y pobrezas. Él es tantas riquezas como son nuestras pobrezas, pero cuando se silen­cian las necesidades y miserias de nuestra condición para podemos acercar más dignamente a Él, las divergencias se silencian con nuestro silencio interior y todas las tradiciones y todos los buscadores coinciden en el conocimiento sin representación alguna.

Las divergencias se dan en los sistemas de representación, en los mundos simbólicos y conceptuales con los que apuntamos al Único, con los que hablamos de Él, con los que orientamos nuestra indagación, la vivimos y la ritualizamos. Por eso nos advierten las Upanishad que el conocimiento de que se trata no es el que se puede encontrar en símbolos, imágenes y rituales.

Lo que hay que conocer está libre de formas aunque le conozcamos en formas; transciende el mundo de todas nuestras realidades aunque le tengamos que conocer en ellas.

Quien conoce y siente al Absoluto es el Absoluto. Sólo el Absoluto puede conocer al Absoluto.

El conocimiento del Absoluto, que es un conocimiento desde el silencio, no se adquiere como consecuencia del empleo de unos medios, no se llega a él por los peldaños de unos procedimientos; no hay medio alguno para llegar al conoci­miento del Absoluto. No hay ningún sistema de pensamiento o de textos sagrados que conduzca a ese conocimiento, ni se logra por la práctica de preceptos o de ritos. Distinguiendo entre los tipos de actos o entre lo profano y lo sagrado no se llega al conocimiento que anula todas esas diferencias. A pesar de esta carencia de medios, es inconfundible. Quien conoce sabe que conoce.

El conocimiento verdadero no puede ser considerado objeto de preceptos y su fruto no es resultado que se obtiene a través de unos medios/

Al conocer Esto (el Absoluto), los Rishis descendientes de Kávasaya dijeron: ¿Para qué necesitamos estudiar los Vedas? ¿Para qué hemos de hacer sacn.i­cios? Cuando conocieron esta Realidad, los antiguos sabios dejaron de realizar el sacrifico del fuego. Kena Upanisad. 11, 5.  

El conocimiento es independiente de los ritos, ya que destruye las distinciones entre los actos. (Brahma-Sutra III, 4, 16)

Quien no lo piensa lo conoce y los que lo piensan no lo conocen. Es incon­fundible para quienes le conocen y conocido para los que no le conocen.

Es un conocimiento que sólo es real si es inmediato; si los pensamientos hacen de mediadores, no hay conocimiento.

La necesidad es la madre del apego, y el apego genera deberes, acciones y con­secuencias de acciones, culpas, méritos, dudas. El conocimiento del Absoluto desata los nudos del apego y de todas sus consecuencias.

¡Oh Arjuna! Al llegar a la más alta inteligencia, todos los deberes quedan cumplidos. 

Todos los resultados de las acciones quedan destruidos por la perfecta comprensión. 

Como el agua no moja la hoja de loto, así la culpa no toca al que conoce la verdad 

Como las fibras del junco cuando son arrojadas al fuego se queman completa­mente, así se queman las culpas. 

Se rompe la cadena del corazón, se disipan todas las dudas y se extinguen las acciones al contemplar el Ser en lo más elevado y lo más bajo. 

Al llegar a Aquello (a tomar conciencia del Absoluto) sobreviene el desapego y la destrucción de las últimas y las anteriores culpas. Porque eso es lo que se ha declarado (en las escrituras). 

Comenta Sankara: tanto los actos meritorios como los culpables producen apego, mientras que la fuerza de la comprensión de la verdad produce la destrucción de ese apego. 

El conocimiento del Absoluto es el único que libera de los deseos, los únicos que someten al ser humano; y libera porque quien conoce al Absoluto ya no le queda nada por desear. No hay otro posible libertador que ese conocimiento. Cuando ese conocimiento llega, se disuelve, como un azucarillo en el agua, la identificación con el propio cuerpo; entonces, ya no hay más miedo, ni más muerte.

Las Upanishad sostienen que no hay otro camino de liberación que no sea el conocimiento del Absoluto.

No hay otro camino para llegar a la meta. 

Sabiendo que su naturaleza es permanente, es eterna conciencia, trasciende el ilusorio orgullo de ser uno con su cuerpo y se convierte en el Ser, de naturaleza permanente y eterna conciencia. Esta es la verdadera naturaleza del ser indivi­dual, que hace que trascienda el cuerpo y aparezca la verdadera esencia.

Sin cuerpo dentro del cuerpo. El que conoce la plenitud suprema del Absoluto, ya no tiene miedo a nada.  Quien lo conoce, trasciende la muerte, no hay otro camino. 

Sólo aquel que le conoce trasciende la muerte. 

El conocimiento del Absoluto es un conocimiento silencioso, por tanto, sin mediación ninguna ni de símbolos, ni de conceptos, ni de ningún otro sistema de representación. Un conocimiento sin pantallas interpuestas es un conocimiento directo e inmediato, tanto en el ámbito mental como perceptivo.

El Absoluto es una intuición inmediata y una percepción directa. 2 Háblame sólo del Absoluto que es inmediato y directo. 

En cursiva, textos de los upanishad

Extracto del libro: Por los caminos del silencio (Mariá Corbí)

 

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