Yo no soy el cuerpo, ni la mente y tampoco LA CONCIENCIA 4.71/5 (7)

I.- YO NO SOY EL CUERPO

¿Dónde estaba “yo” antes de nacer?, ¿dónde estaré “yo” dentro de cien años? “Eso”, que permanece inalterado y más allá de las condiciones espacio-temporales y está más allá de una forma (cuerpo) y un nombre individual, soy “Yo” (es decir, “Yo” sin “yo”).

Usualmente se dice que no somos el cuerpo, ni la mente, ni los sentimientos, ni los deseos, etc., pero esa misma reflexión-negación (neti, neti) sigue siendo un proceso conceptual. Ciertamente no hay nada malo en la idea «yo soy el cuerpo», siempre y cuando se comprenda que no somos solo un cuerpo (o una mente) que tiene un nombre y que nació en tal fecha. Simplemente hay que comprender que quien toma erróneamente este cuerpo como “yo” es la mente, porque “Yo” es una realidad omniabarcante y trascendente (transmental o supramental) que abarca no solo el “yo”, sino también el “tú” y el “ello”, es decir, Todo (y por tanto, también es Nada).

A la pregunta ¿quién soy yo? el Advaita suele responder con la metáfora del cuenco con agua que es devuelta al lago, o del riachuelo que vuelve al mar ¿Puede alguien distinguir cuáles son las aguas de los diferentes ríos que confluyen en el mar? De la misma manera, ¿cómo distinguir esa partícula de consciencia “individual” que constituye el “yo” cuando se sumerge en la consciencia total que es el “Yo” o “Eso”. Es más, en última instancia no existen diferencias entre el agua de mar, el agua de lago, el agua de río o el agua del grifo. Todas son agua que arrastra sales y demás componentes u adherencias minerales según discurra por diversos lugares. Por eso, al igual que el agua no tiene partes separadas, pensar que uno es aparte de la Fuente Primordial no deja de ser una pretensión creada por el ego. Para el Advaita, la consciencia individual, entendida como la sensación «yo soy un individuo o un alma confinada dentro de los límites de un cuerpo», es una forma distorsionada de la consciencia pura «yo soy» que aspira a prolongar el “deseo de ser alguien; alguien separado, alguien especial; alguien con su propia historia y que se encuentra completamente atrapado en este estar tejiendo la telaraña personal, en este estar construyendo y sosteniendo la historia personal, impulsado por el afán de afirmar y reconfirmar de continuo el yo individual” (David Carse, PBC, p. 101).

En suma, para el Advaita, no es el individuo el que tiene consciencia, es la Consciencia la que asume innumerables formas. Pero estamos tan acostumbrados a pensarnos como cuerpos que tienen consciencia, que no concebimos que sea la Conscien- cia quien sostiene los cuerpos.

II.- YO NO SOY LA MENTE

Se afirma que “la mente es ella misma la polución, siempre. La mente misma es la magia maravillosa. La mente misma es la gran ilusión. La mente es como el hijo de una mujer estéril. La mente misma es pensamiento, y la mente misma es egoidad” (Ri- bhu Gita, p. 59). De nuevo estamos ante otra paradoja; a pesar de la desconfianza del Advaita hacia el conocimiento, no obstante, se afirma que es el propio conocimiento el que puede ayudarnos a salir del laberinto de los conceptos para descubrir qué o quién somos en realidad.

Ciertamente, la mente es necesaria en la vida diaria, pero intentar comprender la metafísica por medio de conceptos es como buscar los cuernos de una liebre

“Los órganos del conocimiento, los sentidos, los órganos de acción, la vigilia, el sueño con sueños, el sueño profundo, y todos los demás estados son todos como los cuernos de una liebre. Toda esclavitud, toda «liberación», todo «conocimiento», Dios, todo el tiempo, y toda instrucción son todos como los cuernos de una liebre” (Ri- bhu Gita, p. 51). El buscador recrea conceptos transcendentes como Dios, karma, reencarnación, salvación, y, por tanto, se ve obligado a mantenerlos, defenderlos e incluso imponerlos a los demás viviendo con la angustia de perpetuarlos. No obstante, siendo el mundo (nuestro mundo) una mera proyección de nuestros pensamientos, la cuestión sería más bien cómo salvar tal mundo de nosotros mismos. El paso principal consiste en comprobar experimentalmente que la mente no es nada más que el pensamiento «yo», es decir, que la mente y el ego son lo mismo; “La mente es un paquete de pensamientos. Los pensamientos surgen debido a que hay el pensador. El pensador es el ego. El ego, si es buscado, se desvanecerá automáticamente. El ego es el pensamiento-raíz del que surgen todos los demás pensamientos” (Sri Ramana Maharshi, CRMI, p. 442). Llegados a este punto, cabe preguntarse; ¿qué hay por encima de la mente? O, empleando el lenguaje Advaita, ¿quién observa la mente?, ¿quién es testigo de los pensamientos? Sin duda, la consciencia.

III.- PERO YO NO SOY CONSCIENCIA

Una de las aportaciones más trascendentes de la mística de la India es la experiencia de la consciencia-testigo, es decir, la consciencia desprendida de las adherencias psicomentales, físicas y de sus condicionamientos genéticos y culturales individuales. Mientras la consciencia se involucra en los pensamientos, la mente parece tener su propia autonomía, pero

cuando retiramos la atención de todos los pensamientos descubrimos que la mente no es nuestra última realidad; hay vida más allá de la mente.

Todos experimentamos el hecho de pensar, incluso podemos ser testigos de pensar, es decir, ser conscientes de que estamos pensando. Pero podemos dar un paso más cuando somos conscientes de que somos conscientes. En ese momento se produce un bucle que detiene el flujo metal y nos sitúa en un estado de autoconsciencia o de consciencia pura. Allí no hay pensamientos o, si quedan, son observados con total desapego y neutralidad. Pero imediatamente también observaremos nuestra incapacidad para permanecer estables en dicho estado porque los pensamientos requieren nuestra atención. Pues bien, ese estado de consciencia individual “yo soy”, libre de pensamientos, es lo que en la terminología religiosa se denomina «alma» y constituye la puerta o preliminar hacia el estado de consciencia universal e ilimitada «Yo soy», que es lo que se llama «espíritu», «corazón», «núcleo del alma» o
«Dios». Y se la llama Dios porque tal consciencia “yo soy” es la fuente original de la que surge la dualidad, es decir, Dios-mundo, Creador-Creación.

Este hecho explica que el nombre del dios Brahma proceda de brahm-ahan, literalmente “yo soy”. Así, el mahavakya o “gran dicho” «Yo soy brahman» (Brihadaranyaka Upanishad 1. 4. 10) significa precisamente, “yo soy, yo soy”. Ello coincide con el se- creto nombre de Dios que aparece revelado a Moisés en Éxodo (3. 14); «YO SOY EL QUE SOY» (EHYEH ASHER EHYEH) cuya importancia se deduce del hecho de que es la única vez que en la Biblia un nombre de Dios aparece en mayúsculas. Y en el Evangelio de San Juan y en otras partes de la Biblia se dice que
«Antes de que Abraham fuera, yo soy» (8.58), colocándose ese
«yo soy» al final de la frase para acentuar el significado de «yo soy» pretendido por Jesús. Ahora bien, este “yo soy” no es un pensamiento; “yo soy” no consiste en pensar en “yo soy”.

Por eso conviene distinguir entre el «yo» como puro Sí mismo, y el pensamiento «yo soy». Una cosa es experimentar la autoconsciencia o «Yo soy» y otra cosa es pensar que «Yo soy». Hasta cierto punto son dos situaciones incompatibles en la medida en que la autoconsciencia “yo soy” rebasa o transciende el pensamiento. En suma, la consciencia «yo soy» no es un pensamiento, sino el estado desde donde se observan los pensamientos.

Prologo: Historias de la meditación no dual

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