Cuando la muerte dice: “YA ES HORA, VEN” 4.5/5 (8)

Una anciana estaba planchando un montón de ropa cuando el ángel de la muerte se le acercó, diciendo: «Ya es hora. ¡Ven!». La mujer contestó: «Bien, pero primero tengo que terminar de planchar la ropa. ¿Quién lo haría si no yo? Y luego tengo que guisar, porque mi hija trabaja en la tienda y necesita comer cuando llegue a casa». El ángel se marchó. Después de un tiempo volvió de nuevo. Se encontró con la anciana cuando ésta salía de casa. El ángel dijo: «¡Ven, que ya es hora!». Y la mujer contestó: «Pero primero tengo que ir a la residencia de ancianos, donde hay una docena de personas que me están esperando, olvidadas de sus familias. ¿Cómo podré abandonarlas?». El ángel partió. Después de cierto tiempo, el ángel volvió nuevamente diciendo: «Ya es hora. ¡Ven!». La anciana contestó: «Si, ya sé. ¿Pero quién llevará a mi nieto al jardín de infancia si ya no estoy?». El ángel suspiró: «Bien, esperaré mientras tu nieto no sepa andar solo».

Unos años más tarde, hacia la noche, la anciana estaba sentada, sintiéndose muy cansada y pensaba: «En realidad, ahora podría venir el ángel; después de tanto trabajo, la salvación eterna tiene que ser hermosa». El ángel apareció. La mujer preguntó: «¿Me llevas a la salvación eterna?». El ángel, a su vez, preguntó: «¿Y dónde crees que has estado todo este tiempo?».


Estamos convencidos de la existencia de un mundo mejor. Creemos que debe haber una alternativa al aquí y ahora que, por lo visto, no nos basta. Pedimos una creación totalmente diferente, la actual está cuajada de imperfecciones. Hablando claramente, es la obra de un chapucero. ¿No podría habernos ofrecido algo mejor esa Realidad primera que los occidentales llamamos desde hace unos miles de años Dios? Estamos obcecados, pensando que todo esto sea solamente provisional. No nos integramos en el proceso

cósmico, nos defendemos frente a la aparente entrega al sufrimiento, a la miseria, a la muerte. Y eso que la evolución está sembrada de calamidades y de sufrimientos. Nacer y morir es la estructura de esta Realidad primera. Ir y venir.

Las religiones nos confirman ese concepto erróneo de la vida, nos ofrecen imágenes de esperanza. Lo verdadero, dicen, está por venir. El mundo perfecto vendrá más tarde, después de la muerte, en el cielo; habrá un renacimiento mejor hasta que se alcance el nirvana; o bien resurrección, cielo y salvación eterna; y la compensación por todo el bien y el mal. Las religiones viven de esas imágenes de esperanza. Son importantes, porque sin ellas, el ser humano cae en el sinsentido. Pero, también son el último baluarte tras el cual se escuda el yo para salvar su continuidad. Le resultaría muy duro al ser humano vivir sin esas imágenes de esperanza. En este sentido, la religión es un factor muy importante en la evolución. En la lucha por la supervivencia, el ser humano no sólo necesita agua y alimentos, también necesita una interpretación del sentido de su vida. Las religiones ofrecen esas imágenes. «Algún día, todo estará bien», prometen. «Si te comportas bien, se te recompensará con un renacimiento mejor, con nirvana, con la salvación eterna». También la psicología nos promete muchas veces la salvación: «Si logras desasirte de todas las imágenes ilusorias y dominantes, así como de tu superyó, la vida plena comenzará».

El ser humano desea un cielo donde no exista el mal tiempo, ni los dolores de las muelas, ni terremotos, ni inundaciones, ni guerras, ni enemistades y problemas. Pero nada existe fuera de ese Principio originario. Todo lo que ocurre en nosotros y en nuestro entorno está incluido en Él, también el sufrimiento, la guerra y la muerte. «Ser religioso» significa participar en la danza y experimentarse como bailarín y como danza. Desgraciadamente, nos falta la ligereza de la vida: la ligereza de la danza, la ligereza del ir y venir, del nacer y morir. Somos malos bailarines. Siempre queremos dar el paso que no corresponde en ese momento. Y por ello nos hacemos un lío, nos pisamos los pies y los de los demás.

LIBRO: La vida no termina…

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