De la saturación de Conocer a la sabiduría de SER 4/5 (3)

“Es más fácil que un camello pase por un ojo de aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos”. Nos decía Jesús en la biblia. Extraña expresión hasta que alguien nos mostró que “camello” podría estar mal traducido y ser realmente  “camelo”, soga grande para amarrar a los barcos en el muelle.

 

La verdad es que de una forma u otra el entendimiento era claro, salir de este mundo no va a ser posible si estas amarrado a tus bienes materiales. Debe existir un desprendimiento de todo lo que aquí poseemos tal cual como Jesús lo dejó marcado en su calvario cuando antes de morir hasta sus vestiduras le fueron retiradas y sorteadas entre los soldados romanos.

 

Todos desde que llegamos a este mundo sentimos la necesidad de adaptarnos a él. Observamos lo que los demás tienen y como hacen uso de todo ello. Por imitación vemos necesario ser como ellos por lo que sentimos la necesidad de tener lo que ellos tienen. Cada posesión que adquirimos de este mundo nos une más a él y nos permite una mejor adaptación. Creemos  firmemente que cuantas más cosas, más personas, más conocimientos,  más nos aseguramos nuestra continuidad en la vida. Esto me recuerda la visión hinduista de sus tres divinidades principales que dice así:

 

A uno de ellos, llamado Brahma, le tocó en suerte la creación de todo el Universo. Al segundo, llamado Vishnu, su conservaci6n y cuidado, mientras que la tarea más difícil de todas, le tocó al tercero, cuyo nombre era Shiva.

BRAHMA comenzó hablando:

-Yo conformo el Universo, dijo el primero, pues es una oportunidad para que todas las Almas manifestadas, cumplan su ciclo en el mundo, y luego retornen a la Conciencia, de nuestro Celeste-Padre. Por esa razón, hago estrellas y gotas de rocío. Algún día, seremos otra vez UNO, y el espacio y el tiempo se pondrán a dormir, pues ya nadie los necesitará.

-Yo cuidaré de tu Obra, dijo entonces Vishnu, el segundo Dios, y agregó: – Velaré por ella día a día, minuto a minuto, para que se mantenga tal cual tú la has creado, hasta tanto haya un solo ser que necesite transitar por la Casa de las Formas, en busca de la Esencia de nuestro Divino Padre.

-Y tú, Shiva? interrogaron al tercero y este repuso:

-Mi papel es muy difícil, hermanos míos… Los hombres que me contemplen, y que se hallen apegados a la materia, verán en mí, a su Destructor, porque, ciertamente, seré quien lleve a las Almas de regreso a nuestro Señor, allende todo lo que sea atadura material.

 

 

En verdad nos pasamos toda la vida en la actividad de preservar nuestro futuro. Olvidamos que Brahma  construyó toda esta Ilusión o Maya solo para cumplir nuestro ciclo y volver. Eso sí, nos mantenemos en adoración a Vishnu porque preservamos lo creado en la vida cueste lo que cueste tanto que no contemplamos en absoluto la existencia de Shiva aquel que sugiere el desprendimiento de todo lo conseguido para terminar el ciclo y salir de la ilusión del vivir.

 

El hombre se apega a todo tipo de bienes materiales, a todo tipo de sentimientos mundanos, a su posición social, al sentirse respetado y todo ello conseguido con esfuerzo y lucha, como para que ahora se nos pida de abandonarlo todo para entrar en el estrecho pasaje del camino espiritual.

 

Todo aquel que ansía algo más de este mundo, por muy noble y digno que sea, no tiene sus pies sobre la senda angosta que lleva a la estrecha puerta de la liberación.

 

Existe algo que nos resistimos a no abandonar, es el deseo insaciable de querer conocer más y más.

 

El hombre necesita del conocimiento para salir de la ignorancia y valerse en la vida. El conocimiento es la base fundamental de nuestra adaptación a las cosas que nos rodean. Aprendemos a hablar para adaptarnos a la comunidad, aprendemos un trabajo para poder ganar el pan, aprendemos nuestros derechos para poder reclamar las injusticias, aprendemos las cosas de Dios para ir acercándonos más a lo divino… Toda la vida es aprender porque cuanto más conocimiento más adaptación a la vida.

Sabemos que el ignorante sufre más en la vida por no saber cómo desenvolverse con soltura en ella. Sabemos que el astuto con el conocimiento de la mano será alguien de importancia sobre los demás.

 

Pero al hablar de la espiritualidad no estamos hablando de la vida, no estamos hablando del mundo, hablamos de lo trascendente, de lo numinoso, hablamos de un segundo nacimiento donde nada de lo aprendido y ninguno de los conocimiento sigue siendo necesario para la nueva vida. El paso espiritual es un tránsito de una vida a otra, así como la muerte. Debe morir a manos de Shiva aquel que tú te formaste en tu vida material y renacer la verdad de lo que tú eres fuera de la ilusión.

 

Es un error enorme seguir queriendo conocer cosas sin cesar por muy trascendentales que parezcan si tu llamada a los espiritual es evidente. Todos los conocimientos son para desenvolverse en este mundo pero nada que ver con LO REAL de la vida espiritual. Deberás dar el salto al abandono de todo para adquirir la REALIDAD, incluso abandonar el seguir adquiriendo conocimientos, ahora ya, NO TE SERVIRÁN.

 

No creas que este salto a lo espiritual es un paso a un mundo mejor, de más abundancia, de mayor prosperidad… eso pertenece a tus creencias. El salto a lo espiritual es alcanzar la visión plena de lo que tú eres tal cual, sin ilusiones ni fantasías, sin falacias ni mentiras, libre de toda falsa vestidura.

 

¿Estás seguro que quieres abandonarlo todo por una mirada en el espejo de lo real?

 

Ante la primera mirada de lo real, comenzará tu desenvolvimiento espiritual consciente. Algo que ahora no deberíamos hablar pues aun estando dentro de este mundo, lo único que haríamos, es especular. Todo ese gran conocimiento que tan útil te parece nunca alcanzará a nombrarte ni la primera estela de lo real. Las palabras no llegan, las éticas no sirven, la moral es invalida, despréndete de todo interés por conocer y la sabiduría te alcanzará.

 

El hombre se viste con el conocimiento, pero la sabiduría sólo pertenece al hombre que se ha desnudado de la vida.

 


 

REFLEXIÓN

celulaExistía una célula, de las millones de células que formaban el estómago, que un día escucho en el rumor del torrente de la sangre como se nombraba la existencia de algo llamado corazón.

Nuestra célula especial del estómago quedo extrañada y curiosa:

-¿El corazón?, ¿Qué será eso que escuche hoy en torrente de sangre?

La célula quería saber más y puso atención a ver que más averiguaba de ese tal corazón.

Sus atenciones tuvieron fruto muy pronto y supo que existía un órgano a parte del estómago. Ese órgano era el corazón y además parecía ser imprescindible porque sin él, el torrente de la sangre se secaría y todas las células del estómago, incluida ella, morirían.

La célula quería saber más y continuó las escuchas en el torrente de la sangre. Pudo enterarse no sólo del corazón sino de otros muchos órganos de los que la sangre regaba cada día. Supo del hígado, supo de los pulmones, supo incluso algo aunque poca cosa del cerebro. Aprendió la célula del estómago que cosas fabulosas eran capaces de hacer cada uno de esos órganos, estaba encantada de saber y saber y no podía dejar de escuchar cuantas novedades le traía el torrente de sangre cada día.

 

Un día con todo lo aprendido hizo reflexión.

  • Si la sangre sabe todo esto es porque ella fluye por todos los órganos. Es entonces la sangre quien conecta unos con otros formando un sistema conjunto.

¿Un conjunto? Pero un conjunto ¿para qué?

¿Qué función pueden hacer todos los órganos juntos?

Este misterio era insostenible y entonces fue al torrente de sangre y en vez de escuchar el rumor como siempre lo había hecho, fue ella quien preguntó al fluir de la sangre ¿quién podía decirle, para que sirve y que función tienen todos los órganos juntos?

 

Nadie le supo contestar. Ella preguntaba cada día a ver si había novedades, nadie le respondía.

 

Entonces la célula empezó a fantasear, a imaginar qué podría ser. ¿Sería un sistema para la resurrección de las células muertas? Ella había observado que cuando una de ellas muere, otra le sustituye.

O tal vez sería un sistema organizado de clases sociales celulares y así cuando termine mi vida en el estómago pueda ascender a ser célula del corazón y luego del cerebro.

 

Mil y una cosas imaginaba la célula del estómago lo que podría ser todo este sistema conjunto de órganos.

 

NUNCA LA CELULA PODRÁ SABER lo que es un cuerpo humano al completo, nunca la célula podrá conocer que funciones tiene el cuerpo humano, nunca la célula podría saber si existen otros cuerpos humanos, miles y millones de ellos, nunca la célula podrá saber porque al estómago entra un tipo de comida un día y otro muy diferente otro y porque y de donde se nace ese alimento.

 

Los conocimientos de la célula siempre serán limitados a su cuerpo como lo serán los del hombre a los misterios del universo. Hay conocimientos que aunque nos empeñemos en querer saber, serán siempre vanas hipótesis, la mayor parte de las veces inconclusas e inventadas.

 

Si un día nuestra célula del estómago se da cuenta que nunca sabrá la verdad de lo que es ese conjunto de órganos, entonces se verá a sí misma como nunca antes lo había hecho. Ella se dará cuenta que pertenece a un sistema global del que no puede entender pero del que participa. Se dará cuenta de que tiene la misión importante de hacer bien correctas sus funciones en el estómago pues el conjunto global depende mucho de lo que allí ocurre. Encontrará su sentido en la totalidad, dará un sentido a su nacimiento y se entregará en su totalidad por la armonía de todo el sistema de órganos.

 

Nosotros como humanos seguimos queriendo saber para qué de todo este universo, seguimos queriendo conocer y conocer más de lo que nos rodea y aún no hemos descubierto nuestro sentido a vivir, nuestro lugar en el conjunto universal.

 

La espiritualidad es el espejo donde te das cuenta del sentido de tu existencia. Cuando abandones toda ansia de conocer y dejes de fantasear con lo que somos en este universo, descubrirás que el vacío que sientes, existe por no saber aún quien soy yo en este sistema llamado tierra, quien soy yo para esta humanidad.

Ícaro Dedaloson

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