AHIMSA! La práctica que no puede faltar en nuestra vida

La inofensividad es de las instrucciones más anti­guas. Todos la conocen, pero nadie la practica. Todo el mundo habla de ella. Para algunos la inofensividad significa “no dañar físicamente a nadie”, pero es mu­cho más que esto y va mucho más allá. La inofensi­vidad es una práctica válida en los tres mundos, en el mundo del pensamiento, en el mundo de la palabra y en el mundo denso de la objetividad.

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No se trata solo de dañar a los humanos, también se extiende a los animales, las plantas y la tierra. Además, se extiende a los cinco elementos. La humanidad piensa en la paz. Anhela la paz. Pero la paz nunca puede llegar a la humanidad mientras esta hace daño, mientras daña todo lo que le rodea. Contaminamos la tierra, conta­minamos las aguas y contaminamos el aire. Matamos animales en la tierra, en el agua e incluso en el aire. Lastimamos y dañamos a seres humanos regularmen­te. Dañar ha sido la actividad de ignorancia humana en el planeta, ¡y queremos paz!

La primera instrucción hacia la paz es la inofen­sividad. En el Veda se dice: “No hay virtud más elevada que la inofensividad”. La virtud de la ino­fensividad sobrepasa todas las demás virtudes. Ahimsa paramo dharma. Krishna el Señor habla de ella como la primera virtud. El camino óctuple del yoga da regulaciones para el yoga, la primera de las cuales es Ahimsa. Buddha la practicó y se convirtió en una luz que guía a la humanidad. Cristo la prac­ticó. Todos los hombres divinos la mostraron, pero la humanidad no aprende. Ahimsa es la pala­bra sánscrita para inofensividad. Himsa significa dañar, herir.

Herir físicamente es la forma cruda de Himsa. La herida oral es más dolorosa que la herida física. Si uno es herido físicamente, el cuerpo se cura pronto. Pero si es herido oralmente, la herida sigue mucho tiempo. Uno puede perdonar, pero no olvidará. No creáis en la frase pronunciada por los sacerdotes, “Olvida y perdona”. La frase más apropiada sería, “Puede que no olvides, pero puedes perdonar”. Je­sucristo ha perdonado a aquellos que le crucificaron. Pero no olvida lo que se le hizo. Ha perdonado tan­to que vuelve a servirles. Olvidar no es útil. Perdonar es útil. Perdonar es divino. Olvidar es ignorancia. Los que saben no olvidan, pero perdonan totalmen­te. ¡Perdonan tan completamente que están prepara­dos para servir a los que les hirieron!

Como se ha dicho antes, si uno aspira a la luz, debe establecerse necesariamente en el camino de Ahimra, la inofensividad. La inofensividad lleva al amor. Uno se vuelve tan amoroso que se lo piensa dos veces antes de arrancar una flor o un fruto de un árbol. Cuando uno es inofensivo en el sentido verda­dero de la palabra para con las plantas, los animales, los humanos e incluso con los devas, les gusta estar con él o alrededor suyo. Esto es verdad. Este es el secreto de los santos, de los yoguis, alrededor de los cuales a todo el mundo le gusta congregarse.

La inofensividad permite a la persona ser mag­nética. No manipula, es amorosa y ayuda a la gente. La gente se ofrece a personas así para servir con ellos e incluso para servirles a ellos. El hombre civi­lizado puede no consentir las luchas físicas, pero se permite las luchas en los planos emocional, mental e incluso intelectual. Por esta razón el hombre se encuentra con desacuerdos emocionales, desacuer­dos mentales y desacuerdos intelectuales que llevan a guerras distintas de las físicas. Todas las guerras se generan primero en la mente y después se filtran en lo físico. Hoy hay guerras en la política. La política está siempre en guerra. El comunismo, el capitalis­mo, el socialismo, todos están en guerra, unos con­tra otros. Igualmente, hay guerras por religión entre judíos, cristianos, musulmanes e hindúes. Después de todo, las religiones no son más que conceptos de Dios. Cuando el concepto se cristaliza, Dios desaparece de allí, y los conceptos muertos siguen guerreando unos con los otros. La religión está en guerra, la política está en guerra e incluso los nego­cios están en guerra. En los negocios hay una fuerte competencia, codicia y manipulación. En todo cam­po se forman grupos y hay rivalidad entre ellos. Un grupo no está de acuerdo con otro. El trasfondo de todo esto es la falta de comprensión, la falta de amor, la falta de amigabilidad. Todo ello surge de la ausencia de inofensividad. La inofensividad es el camino. Lleva a la paz. Lleva a la coexistencia pací­fica. Alrededor de un hombre inofensivo se con­grega mucha gente. Lo veis en hombres divinos en India. Ellos son inofensivos. Por esto muchos se reúnen a su alrededor. Los que se congregan alre­dedor de un hombre divino luchan entre ellos, pero no luchan con el hombre divino porque él es su consuelo. Él es su solución. Él es su fuente de vida.

 

Si eres inofensivo de forma completa, entonces incluso las cobras coexisten contigo. Hasta hace poco un Maestro vivió con las cobras en las Nilgiris en el sur de la India. Él no pertenece a una tribu. Es un Maestro muy civilizado, que ha estado por todo el mundo muchas veces. Cuando iba a su paseo vesper­tino, las cobras acostumbraban a acompañarle. Cuando regresaba, ellas también solían regresar. El secreto es la inofensividad. Vivía en las Montañas Azules cuando estaba en India. También estuvo mucho tiempo en Suiza, en Estados Unidos y en otros luga­res. De igual modo, mi padre solía sostener una cobra con la mano y cantaba el nombre de Dios. La cobra solía encontrarse tan cómoda como si estuviera a su aire. No tenemos por qué hablar de historias antiguas para explicar el concepto de inofensividad. Este prin­cipio vive a través de las personas incluso hoy. En la presencia de alguien inofensivo, todas las personas están cómodas. Encuentran la paz en ellos.

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Las personas que mantienen la energía contraria de la inofensividad funcionan como anti-imanes. La gente huye de ellos. La gente se separa de ellos. Incluso los perros callejeros prefieren alejarse. ¿Ob­serváis esto? Cuando algunas personas caminan por la acera, hay un perro callejero que camina con ellos y los acompaña sin conocerlos. Pero el perro sigue caminando. El perro siente amistad hacia la persona y camina con ella, ya que puede oler la cualidad de la inofensividad en la persona. Y si un perro callejero huye mientras te mira, imagina cuál es la cualidad de la energía que tienes. Hay algunas personas en nues­tra sociedad, a las que a la gente le gustaría evitar. Incluso los animales les evitan.

 

Para ver cuánta inofensividad tiene uno, un Maestro de sabiduría solía hacer un truco. Le daba una rosa al que llegaba a él y conversaba con la persona que sostenía la rosa en la mano. Si la rosa se marchitaba con el contacto con la persona, pre­fería no dar sabiduría a una persona así. Si la rosa permanecía intacta durante muchas horas y conti­nuaba fresca, les permitía incorporarse a la forma­ción ocultista.

 

 Parvathi Kumar: “Las enseñanzas de Sanat Kumara”

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