El ALMA debe ser el conductor y la PERSONALIDAD el vehículo

Esta es realmente la mejor práctica en la vida diaria. Esta es una instrucción desafiante. Este es el mejor desafío al que uno puede enfrentarse, practicar para permanecer como alma y funcionar a través de la personalidad.

Recordarse a sí mismo como alma mientras uno interactúa con el mundo a través de la agencia de la personalidad. Este es el paso.

alma y personalidad2Cada uno de nosotros somos un alma. Nosotros no somos nuestras personalidades. Nosotros no somos nues­tras mentes. Nosotros no somos nuestros cuerpos. El cuerpo, la mente y la personalidad constituyen nuestro vehículo para relacionarnos y funcionar en el mundo de la objetividad. El alma es el maestro. La personalidad, con su mente y cuerpo, es la facilitado­ra. Sin personalidad, mente y cuerpo, el alma por sí sola no puede funcionar en el mundo de la objetivi­dad. La personalidad es el equipo del hombre, pero no es el hombre. Esta distinción entre uno mismo y la personalidad de uno tiene que estar firmemente establecida en nosotros. Si no, el alma se hunde en la personalidad. Esto es como hundirse en el mundo. Una persona se hunde cuando está dentro de la personalidad. Ella debería permanecer como persona y trabajar a través de la personalidad.

Persona en sánscrito se llama Purusha. La palabra Purusha da un mensaje mejor. Significa “el que entró en la personalidad”.

El alma desarrolla la personali­dad y entra en ella para conducir la vida en la objeti­vidad.

De la misma forma que una persona constru­ye una casa y entra en ella para trabajar. La persona es la que entra. La personalidad es la vivienda de la persona. La persona debería poder moverse dentro y fuera de la personalidad, al igual que un hombre entra y sale de su casa. Desafortunadamente, la per­sona se identifica con su personalidad y pierde su identidad original de ser una persona. El alma es la persona que construye y entra en la personalidad. A partir de entonces, identificándote como persona­lidad, olvidas tu identidad como alma. El estado original se olvida. El estado transformado se toma como el estado original.
Esto es como cada uno nos sentimos: soy hombre, soy mujer, soy hindú, soy suizo, soy alemán, soy español, y así sucesivamente. El YO SOY no es ni hindú, ni suizo, ni alemán, ni español. El YO SOY no puede ser americano, por grande que sea el sentimiento americano. Los americanos se sienten grandes y utilizan la palabra grande muchas veces. Pero la conciencia de YO SOY es mayor que grande.
Luego, hay otras identidades: soy empresario, soy profesor, soy jefe, soy joven, soy viejo y soy niño y así sucesivamente. Hay otra categoría que siente yo soy un discípulo, yo soy un Maestro, yo soy un Masón. Todas estas identidades son identidades in­correctas. Se relacionan con las personalidades, no se relacionan con el alma. El Alma permanece como YO SOY. O mejor, puede ser AQUELLO YO SOY o YO SOY AQUELLO YO SOY. El resto se construye. Uno no puede ser su construcción. Uno no puede identificarse con su construcción. La construcción necesita al constructor. El constructor es el alma. Recordar que uno es un alma, una persona, es mu­cho más importante que recordar la construcción.

Sin el alma no puede haber personalidad, no puede haber mente y cuerpo. Pero sin personalidad, mente y cuerpo, sí puede haber alma.

Ser y Convertirse
El alma es el ser. Ella desarrolla el equipo de la personalidad, mente y cuerpo para actuar. Sin el ser, no hay hacer. Sin hacer, puede haber ser. El ser va primero, el hacer es secundario.

En tiempos de igno­rancia, las cosas secundarias se convierten en primarias. Las cosas primarias están puramente olvidadas. Hoy, cuando nosotros hablamos del alma, las perso­nalidades argumentan vehementemente que no exis­te tal cosa como el alma. Tales afirmaciones son naturales cuando hay una fuerte identificación con la personalidad. El rey siente que él es el rey. Se olvida de que no era rey cuando nació. Él se convirtió en un rey. En el camino, antes, se convirtió en príncipe. Y, después de un tiempo, él se convertirá en el rey anterior, lo que quiere decir que será reemplazado por otro rey, que podría ser su hijo. Fue niño, fue príncipe, ahora es rey, y a su debido tiempo será el rey anterior. Todo esto son conversiones, diferentes conversiones en diferentes momentos. Cuando él muera y se vaya, ¿quién sabe lo qué será? El sólo será un ser, hasta que de nuevo se convierta en algo más.
El ser es eterno. El convertirse es temporal. Ser es el estado natural. Convertirse es una transforma­ción con un propósito. Uno no puede ser su trans­formación.

Uno debería permanecer original en todo momento y manejar el estado transformado. El ser es inmutable. Las personalidades son mutables. La inmutabilidad no puede conocerse cuando uno está hundido en lo mutable.

Durante el día, como ya dije antes, jugamos muchos roles. Para cada rol nos con­vertimos en una personalidad diferente; nos conver­timos en esposo, padre, coetáneo, amigo, trabajador, viajero, orador, comensal, y así sucesivamente. Pero en todos estos el ser es constante. El ser es un prin­cipio continuo. El convertirse empieza y concluye. Vivir es de las cosas que empiezan y acaban, es vivir en el ciclo de nacimiento y muerte. Nacer es comen­zar. La muerte es la conclusión. Pero el ser está antes que el nacer y después del morir, y está durante toda la encarnación. El ser está todo el tiempo. Existe antes de encarnarse. Existe durante la encarnación. Y existe después de la muerte. Existe en todo mo­mento, sin tener en cuenta el nacimiento y la muerte. Pero la personalidad nace y muere con cada encar­nación. Un alma tiene diferentes personalidades en diferentes encarnaciones. Puede tener personalidad masculina o femenina. Puede tener personalidad asiática o europea, americana, australiana o africana. Estas variedades de personalidades son variedades de vestidos, como los pantalones, camisas, saris o panjabis. Identificarnos a nosotros mismos con la envoltura es ignorancia. Identificarnos con el mora­dor interno es conocimiento. Por este motivo, Sanat Kumara nos recuerda que cada uno de nosotros es un alma y, por lo tanto, tenemos que funcionar como alma, un ser, una persona, un Purusha. Esto nos per­mitirá darnos cuenta de la fraternidad de las almas.

 La personalidad es el envoltorio que noso­tros construimos. Como el caracol que construye su caparazón o la araña su red.

No puedes mirar el ca­parazón y decir que es el caracol. El caracol es dife­rente del caparazón. El caracol es caracol con capa­razón y sin caparazón. El alma también construye la personalidad. El alma no es la personalidad. El alma está con la personalidad. El alma no es de la perso­nalidad. La personalidad es del alma, emerge del alma. En tanto que uno entiende esto, se sitúa con la cabeza por encima de las aguas, las aguas de la vida. Si no, es como tener la cabeza hundida en el agua. Por lo tanto, sed un alma. Funcionad a través de vuestra personalidad. Y, después de hacer el trabajo, permaneced de nuevo como alma. No permanezcáis como personalidad. La personalidad es una casa. Un Maestro de Sabiduría no deja su cabeza en la perso­nalidad. La mantiene lejos o por encima de la perso­nalidad. Jesucristo, místicamente, dijo esto: “El hijo del hombre no tiene ninguna casa donde recostar la cabeza”, lo que significa que un Maestro no hunde la cabeza en su personalidad ni se comporta como personalidad. Él se comporta como Maestro, Maes­tro de la personalidad, el alma.

Establecer la Conciencia del Alma
Establécete en ti a través del recuerdo de que eres un alma y no su reflejo, su vástago.

salir del laberintoPara un ocultista, el contacto es de alma a alma. Él conecta con el alma e interactúa con la personalidad. Entonces, esto se puede llamar real­mente una transacción de luz y amor. Cualquier cosa que no sea esta, causa el velo de la conducta y la forma y por lo tanto se considera una ilusión.
Aquel que ve, que contempla con el alma, que observa el alma durante la vida diaria a su alrededor, gradualmente ve el alma y la luz a su alrededor. Ve más allá de la forma y la conducta. Entra en el reino de la luz, el cual se llama reino del alma. “Entrar en el reino de la luz no se le niega a nadie, ellos y ellas mismas se niegan la entrada”, dice Sanat Kumara.

La humanidad está muy ocupada con la forma y con la conducta que se expresa a través de la forma. Están muy ocupados en juzgar lo bueno y lo malo, lo co­rrecto y lo incorrecto. Con esta división continúan divididos. Así deciden estar en la dualidad.

Pero cuando uno va más allá del velo del comportamien­to, encontrará iniciados que no se juzgan. “No juz­gar” es una instrucción pronunciada por todos los iniciados. Así lo hizo Jesús, que vivió y se movió como un alma, no como una personalidad.
Funcionar como Alma

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