Ser el actor y el observador de tu película de la vida

Conoce la clave de ser testigo. Ser testigo te permite mantener una distancia con lo que se pre­sencia. Uno no puede ser testigo de aquello que es parte de uno. Si tienes algo demasiado cerca de tu nariz no lo puedes ver bien. Si lo tenemos a una distancia de 10 a 15 cm de la nariz lo podemos ver mejor, mejor que antes. Ser testigo requiere distan­ciarse de aquello que se presencia. De nuevo, uno no puede ser testigo si está demasiado lejos.

 

 Cuando estás en una situación dada, aprende a ser un observador de esa situación, más que ser un participante. El estado de un participante es la impli­cación. El estado de un observador es la no-implicación. Ser un testigo o un observador es ser audiencia. Cuando la función ha empezado, la au­diencia observa la película. La función o la película en este contexto es la propia vida. Para observar nuestra propia vida, el ser testigo de ella es una facul­tad que uno debe desarrollar. Cada uno es sin duda un actor de su vida. Pero con la práctica uno puede desarrollarse como observador. Esto significa que parte de uno mismo permanece como observador mientras la otra parte es un actor. Este es un paso muy importante para los aspirantes a quienes les gustaría avanzar en el camino del discipulado

 

Nos apasionamos, nos identificamos, nos olvidamos de lo que somos

 

Observa mientras actúas, observa mientras mi­ras, mientras escuchas, mientras comes, mientras hablas. Así es como se puede experimentar la vida diaria para ser el actor y, al mismo tiempo, ser tam­bién un observador. Esta es una gran posibilidad del yoga. Krishna el Señor habla de ello en el 5º capítulo del Bhagavad Gita. Lentamente, en tanto que uno adquiere esta facultad, se da cuenta de que hay dos partes en él: una parte es el ser, la otra par­te es el hacer. Es el ser quien hace. Cuando está haciendo, el ser se convierte en el hacedor. No es necesario que se convierta completamente en un hacedor. Una parte de él puede ser, mientras que otra parte de él puede hacer. Normalmente las per­sonas se implican en hacer y en esta implicación se convierten en apasionados y, como consecuencia, se olvidan de su estado original

 

Un perro guar­dián siempre observa. No está en acción. Reposa sobre sus cuatro patas y vigila. Cuando se produce un acontecimiento al que debe responder, pasa a la acción y regresa de nuevo después de la acción para quedarse en la misma postura de descanso. Los seres humanos no vuelven a su estado de descanso de Seidad hasta que la naturaleza los pone a dormir. Por lo tanto, el primer paso es vigilar, observar y ser testigo de nuestras propias acciones. Si esto no ocurre, nos convertimos en nuestras situaciones. Dejamos de ser maestros de la situación y nos con­vertimos en esclavos de ésta, quedándonos agitados e intranquilos.

 Así, a los seres humanos se nos compara al camaleón, que va cambiando de color según sea el color de la hoja, del árbol, y durante este proceso olvida su color original.

Los seres humanos tam­bién olvidamos nuestro estado original de ser cuan­do nos identificamos continuamente con nuestras acciones.

 

Si uno intenta practicar esto a lo largo del día, será candidato a los pasos avanzados de observa­ción. En el estado avanzado se aconseja observar la propia sed cuando uno está sediento. Observar la propia hambre cuando uno está hambriento. Cuan­do uno está sediento, si observa la propia sed como un observador, quedará distante de la sed. ¡Cuando uno se sitúa distante de la sed, la sed desaparece! Cuando uno está hambriento, si es testigo de su propia hambre, se va distanciando del hambre

Cuando uno desarrolla la habilidad de ser testigo, uno puede usar sus posibilidades de muchas maneras. Uno puede aguantar el hambre y la sed, uno puede aguantar el dolor

La gente está enloquecida por las iniciaciones para tener una experiencia fuera del cuerpo. Pero la ciencia del yoga da esta técnica simple y directa para permanecer fuera y observar nuestro propio cuerpo.

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