Explica Plotino que siendo UNO hemos caído en el olvido de ello 5/5 (1)

Explica Plotino que el alma humana es como un extranjero exiliado en este mundo a merced de una pluralidad de objetos y experiencias de las que desconoce su sentido y finalidad. Esto se debe a que el alma se ha sumergido en el mundo sensible de modo que «Una vez caída el alma, queda prisionera, ocupada en sus cadenas y actuando según los sentidos a causa de que al principio se ve impedida de actuar con la inteligencia. Y se dice que está sepultada y que está en una cueva» (En. I, 2, 4). En tal estado le sobreviene la «pérdida de las alas», y su encadenamiento al cuerpo (En. I, 2, 4). Sin embargo hay una cierta reminiscencia de ese estado anterior a la caída del alma que hace que anhele volver al principio del que procede y que le enseña que, en este mundo inteligible, sólo unida a Dios permanecerá ilesa (En. IV, 8, 4, 1-6). En otro caso, si el hombre se vierte totalmente en el mundo sensible y se aleja del mundo espiritual, no conocerá más que ignorancia y sufrimiento.

Para el buscador, este dilema no es fácil de resolver porque, en el fondo, quiere ser dios y a la vez conservar su singularidad como hombre.

 

Plotino recurre al célebre episodio mistérico de la muerte de Narciso para explicar cómo el alma “narcisista” se hunde en la materia cuando confunde su cuerpo con su auténtica realidad, lo mismo que Narciso se ahoga en el agua al intentar alcanzar su imagen. Para evitar ese espejismo funesto, el alma ha de emprender la fuga y apartar la vista del cenagal en que consiste la materia. Aunque la interpretación de este mito contiene muchos registros, Plotino lo trae a colación para mostrar el error y el daño de confundir la imagen, o sombra reflejada, con la realidad, en vez de dirigir la mirada hacia el Eros superior.

 

“¿Cómo ha podido acontecer que las almas, proviniendo de Dios, se hayan olvidado de El; que perteneciendo a El enteramente, le desconozcan y se desconozcan a sí mismas? El principio de su mal fue la temeridad, el movimiento, el querer singularizarse y pertenecerse a sí mismas. Sedientas de independencia, utilizan la espontaneidad de movimientos para correr en dirección contraria a Dios. Y por esta apostasia terminan por caer en la ignorancia de su origen divino. Son como niños separados del padre y educados durante años en un país distante: terminan por olvidar su patria originaria y olvidar a su padre. Y como ya no lo ven, ni se ven a sí mismas, se desprecian, se menosprecian porque no tienen idea de la nobleza de su alcurnia” (En. V, 1, 1).

El Uno es lo que hay, es el ser que no es, es aquello que, siendo todo lo que es, no es ninguna de las cosas que son. Fuera del Uno no hay nada, ni siquiera pensable. Todo lo demás; el “Nous”, el Alma, etc., son recreaciones mentales para explicar lo inexplicable.

Libro: Historias de la meditación no dual

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